mitologia griega

Saturday, January 14, 2006

BREVE HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA

LA ANTIGUA GRECIA La civilización helénica de la Grecia antigua se extendió por la Península Balcánica, las islas del mar Egeo y las costas de la península de Anatolia, en la actual Turquía, constituyendo la llamada Hélade. La civilización helénica o griega tiene su origen en las culturas cretense y micénica. Hacia el 2700 a.C. se desarrolló en la isla de Creta una rica y floreciente cultura comercial perteneciente a la Edad del Bronce. Esta cultura recibe el nombre de minoica o cretense. En torno al año 1600 a.C., los aqueos, un pueblo de habla griega y de origen indoeuropeo, irrumpieron en el territorio de la Grecia continental, estableciéndose en el extremo noreste de la península del Peloponeso. Este pueblo llegó a dominar a los cretenses. Su ciudad más importante fue Micenas. Hacia el año 1200 a.C., otro pueblo de origen griego, los dorios, que utilizaban armas de hierro, se apoderaron de Grecia derrotando a los micenios. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Iliada, fue, probablemente, uno de los conflictos bélicos que tuvieron relación con esta invasión. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Con los dorios empezó un período de retroceso cultural que se conoce con el nombre de Edad oscura. Después de la conquista de los dorios, la vida en toda Grecia descendió a un nivel muy primitivo, y así se mantuvo durante varios cientos de años. Sin embargo, desde el siglo VIII y hasta el siglo VI a.C., período que se conoce como época arcaica, Grecia desarrolló y culminó una gran recuperación política, económica y cultural. Tal recuperación fue posible gracias a la organización en ciudades Estado (polis) y a la fundación de colonias en las costas de Asia Menor y del mar Negro, en Sicilia, en el sur de Italia, en el sur de Francia y en el levante español. Las nuevas colonias se convirtieron en polis políticamente independientes de la metrópoli (polis madre), pero mantuvieron estrechos vínculos religiosos, económicos y culturales. Estas colonias fueron uno de los factores del desarrollo económico de Grecia en este período. Los siglos V y IV a.C. corresponden al apogeo de las grandes ciudades estado independientes, entre las que destacan las polis de Atenas y Esparta. Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus débiles vecinos en una liga o confederación dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y aristocrático, estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo bajo la dirección de Atenas. Al principio del período, los griegos se unieron para derrotar a los temidos persas en las llamadas guerras médicas. Tras la victoria, Atenas se convirtió en la potencia hegemónica de la Liga de Delos, alianza que se había formado para defenderse de los persas. En política interior los atenienses consolidaron el sistema político conocido con el nombre de democracia, gobierno del pueblo, y en política exterior se convirtieron en la gran potencia político-militar de la Hélade, lo que les acarreó gran número enemigos. Este periodo es denominado como la 'Edad de Oro de Atenas', o 'Siglo de Pericles' en honor al gobernante que llevó a Atenas a su máximo esplendor. Durante el mandato de Pericles se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de autores como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el autor de comedias Aristófanes. Tucídides y Heródoto fueron famosos historiadores, y el filósofoSócrates fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro artístico y cultural sin rival. Las diferencias entre Atenas y Esparta desembocaron en la destructora guerra del Peloponeso, en la que participaron casi todos los griegos unidos a uno u otro bando. La guerra duró hasta el 404 a.C. y acabó con la derrota de los atenienses y el establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia. Aprovechando la confusión y debilidad de los contendientes en las Guerras del Peloponeso, el rey Filipo II de Macedonia convirtió su reino en la nueva potencia de la Hélade. Macedonia no estaba desgastada por las luchas y disponía de recursos naturales (cereales, oro y madera). La batalla de Queronea (338 a.C.) le permitió anexionarse Atenas y Tebas. Tras la muerte de Filipo II, su hijo Alejandro Magno, conquistó Persia y dirigió sus ejércitos hacia Egipto y la India, formando un gran imperio. Tras su muerte en Babilonia (323 a.C.) sus generales se repartieron sus posesiones. Con Alejandro desaparecía el antiguo poder de los griegos, pero no su cultura que, fusionada con la oriental, dio origen al mundo helenístico.

Thursday, January 12, 2006

Mitología Griega

MITOLOGÍA GRIEGA 1 INTRODUCCIÓN Mitología griega, creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero. La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado. 2 PRINCIPALES DIOSES Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra. Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Ártemis, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón. Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas. 3 CULTO Y CREENCIAS La mitología griega acentuaba el contraste entre la debilidad de los seres humanos y los grandes y aterradores poderes de la naturaleza. Por lo tanto, el pueblo griego reconocía que sus vidas dependían completamente de la voluntad de los dioses. En general, las relaciones entre los seres humanos y los dioses se consideraban amistosas. Pero los dioses aplicaban severos castigos a los mortales que revelaban una conducta inaceptable, tal como la soberbia complaciente, la ambición extrema y hasta la excesiva prosperidad. La mitología griega estaba ligada a todos los aspectos de la vida humana. Cada ciudad estaba consagrada a un dios particular o grupo de dioses, a quienes los ciudadanos solían construir templos dedicados al culto. Regularmente honraban a los dioses en festivales, supervisados por los altos funcionarios. En los festivales y otras reuniones oficiales, los poetas recitaban o cantaban significativas leyendas e historias. Muchos griegos conocían a los dioses a través de la palabra de los poetas. Los griegos también relacionaban su vida doméstica con la de los dioses y en ella les rendían el culto debido. Diferentes partes de la casa estaban dedicadas a determinados dioses, y los individuos les elevaban ruegos regularmente. Un altar de Zeus, por ejemplo, podía colocarse en el patio, mientras que a Hestia se la honraba ritualmente en el hogar. Aunque en Grecia no había una organización religiosa oficial, por lo común se veneraban ciertos lugares sagrados. Delfos, por ejemplo, era un sitio sagrado dedicado a Apolo. El templo construido en Delfos incluía un oráculo, o adivino, a quien valerosos viajeros consultaban sobre su futuro. Un grupo de sacerdotes, que representaban a cada uno de estos lugares sagrados y que podían ser además funcionarios de la comunidad, interpretaban las palabras de los dioses, pero no poseían ningún poder especial. Aparte de sus plegarias, los griegos solían ofrecer sacrificios de animales domésticos a los dioses, por lo común cabras. 4 ORÍGENES Probablemente la mitología griega se desarrolló a partir de las primitivas religiones de los habitantes de Creta, una isla en el mar Egeo donde surgió la primera civilización de la zona alrededor del año 3000 a.C. Creían que todos los objetos naturales tenían espíritus y que ciertos objetos, o fetiches, tenían poderes mágicos especiales. Con el tiempo, estas creencias se desarrollaron a través de una serie de leyendas que abarcaban objetos naturales, animales y dioses con forma humana. Algunas de ellas sobrevivieron como parte de la mitología clásica griega. Los antiguos griegos ofrecían algunas explicaciones del desarrollo de su mitología. En la Historia sagrada, Euhemero, un mitógrafo que vivió hacia el año 300 a.C., registra la difundida creencia de que los mitos eran distorsiones de la historia y que los dioses eran héroes a los que se había glorificado con el tiempo. En el siglo V a.C., el filósofo Pródico de Ceos enseñaba que los dioses eran personificaciones de fenómenos naturales, tales como el sol, la luna, los vientos y el agua. Herodoto, un historiador griego que también vivió en el siglo V a.C., creía que muchos rituales griegos procedían de Egipto. Cuando la civilización griega se desarrolló, especialmente durante el periodo helenístico, en torno al 323 a.C., la mitología ya había evolucionado. Nuevas filosofías y la influencia de las civilizaciones vecinas produjeron una gradual modificación en sus creencias. Sin embargo, las características esenciales de los dioses griegos y sus leyendas permanecieron inmutables.

HÉROES GRIEGOS

LOS HÉROES GRIEGOS: NOTAS BÁSICAS ¿QUE ES UN HÉROE? Los héroes griegos llenan multitud de mitos, leyendas y cuentos. Muchos en nuestra infancia hemos soñado a la luz de las leyendas con fabulosos viajes. Nombres como Aquiles, Heracles/Hércules, Ulises o Perseo forman parte del entramado cultural de la civilización mediterránea. Pero ¿qué era un héroe para los griegos? La respuesta de puede buscar en la Teogonía de Hesiodo.Los griegos que comenzaban a salir de la oscuridad, de esos años que sucedieron al declive micénico, que comenzaban a navegar, a reconstruir sus templos, a formalizar una nueva estructura socio-política, contemplaban, con añoranza, los vestigios de la cultura micénica que ellos identificaban con un pasado glorioso de grandes reyes, de hermosas mujeres, aguerridos guerreros y grandiosas epopeyas. Era la raza de grandes hombres, emparentados con los dioses, y sobre este pasado tejieron una tela de añoranzas y románticas reminiscencias, crearon en sus relatos la denominada cuarta raza: la de los reyes guerreros de la época micénica, cuna de héroes como Perseo, fundador de Micenas, cuya noble casa debía gobernar Herakles o de grandes viajeros como Ulises, o de familias trágicas como la de Clitemestra y Agamenón o Edipo, héroes y reyes en los cuales los primeros tiranos buscaron su línea de legitimidad, y otros no tan antiguos como sucedía con la monarquía macedónica, emparentada con Heracles y Aquiles. Hesíodo nos habla de la genealogía de los dioses, desde los titanes hasta los dioses y nos habla tambien de los seres humanos en Los Trabajos y los Días a través de sus edades de oro, plata, bronce y hierro y de la aparición de una cuarta raza, de bronce, pero más noble y generosa, descendientes los dioses en madres y padres mortales. Raza que peleó gloriosamente contra sus indignos descendientes, convirtiéndose en heroica yendo a habitar en los Campos Elíseos. La raza heroica, que nace de las relaciones de divinidades y humanos como Perseo, hijo de Zeus, que trasformado lluvia de oro fecundó a Dánae, su madre.Héroes simbolizados por su propio nombre: Herakles, a la gloria de Hera y también fuerte en la ira, Cadmo, del Este, Agamenón el muy resuelto, Perseo el Destructor, Jasón, Curador; Orestes, montañés, Ulises, herido en el muslo, Orfeo, de la orilla del río.La raza de los Héroes asciende al Empíreo, formando parte de las constelaciones, formando parte del mundo de los inmortales, una vez superadas las pruebas o dificultades como monstruos pertenecientes a mundos anteriores. Poseen objetos mágicos regalados por sus dioses protectores tales como: el Caballo Alado, Perseo, cedido a Belerofonte, la Egida o escudo que Atenea dona a Perseo para vencer a la Medusa. Perseo, cuyo nombre significa Destructor, tiene que decapitar a la más terrible de las Gorgonas, Medusa, que monstruo de ojos deslumbrantes, grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas y cabello tocado de serpientes, cuya mirada terrorífica convertía a los hombres en piedras. Atenea muestra a Perseo las imágenes de las tres gorgonas en la ciudad de Dikterión, para que pudiese distinguir a Medusa de sus inmortales hermanas, advirtiéndole que no debía mirarla directamente, sino sólo su reflejo y regalándole un escudo brillantemente pulimentado. Perseo, por herencia divina, goza de la protección de los dioses que le hacen donación de las armas que le harán invencible. Hermes le entrega una hoz diamantina para que cortase la cabeza de Medusa. Además, Perseo necesitaba un par de sandalias aladas, un zurrón mágico para guardar la cabeza cortada y el yelmo negro de la invisibilidad, perteneciente a Hades, cosas que le dieron las ninfas de la Estigia, sus protectoras. El mito habla a los hombres que lo entienden y reciben un rito actualizado a través de ellos mismos. La oportunidad de efectivizar el rito simbolizado en el mito es cotidiana mientras dura el ciclo de una vida, donde el actor en la figura del héroe representa un drama cósmico sin olvidar quién es y lo que no es. Por todo ello, el mito griego consiste en la historia del hombre, para el hombre que entiende la profundidad del símbolo. A continuación exponemos algunos héroes griegos: HÉRCULES Hércules (mitología), en la mitología griega, héroe conocido por su fuerza y valor así como por sus muchas y legendarias hazañas. Hércules es el nombre romano del héroe griego Heracles. Era hijo del dios Zeus y de Alcmena, mujer del general tebano Anfitrión. Hera, la celosa esposa de Zeus, decidida a matar al hijo de su infiel marido, poco después del nacimiento de Hércules envió dos grandes serpientes para que acabaran con él. El niño era aún muy pequeño pero estranguló a las serpientes. Ya de joven, mató a un león con sus propias manos. Como trofeo de esta aventura, se puso la piel de su víctima como una capa y su cabeza como un yelmo. El héroe conquistó posteriormente a una tribu que exigía a Tebas el pago de un tributo. Como recompensa, se le concedió la mano de la princesa tebana Megara, con quien tuvo tres hijos. Hera, aún implacable en su odio hacia Hércules, le hizo pasar un acceso de locura durante el cual mató a su mujer y a sus hijos. Horrorizado y con remordimientos por este acto, Hércules se habría suicidado, pero el oráculo de Delfos le comunicó que podría purgar su delito convirtiéndose en sirviente de su primo Euristeo, rey de Micenas. Euristeo, compelido por Hera, le impuso el desafío de afrontar doce difíciles pruebas, los doce trabajos de Hércules. La primera prueba fue matar al león de Nemea, un animal al que no podía herirle arma alguna. Hércules primero aturdió al león con su garrote y después lo estranguló. En su segunda prueba mató a la Hidra, que vivía en un pantano en Lerna. Este monstruo tenía nueve cabezas. Una cabeza era inmortal y, cuando le cortaban cualquiera de las otras, crecían dos en su lugar. Hércules quemó cada cuello mortal con una antorcha para impedir que crecieran las dos cabezas y sepultó la cabeza inmortal bajo una roca. Después mojó sus flechas en la sangre de la Hidra para envenenarlas. La siguiente prueba de Hércules fue capturar viva a una cierva con cuernos de oro y pezuñas de bronce que estaba consagrada a Ártemis, diosa de la caza, y la cuarta prueba consistió en cazar a un gran jabalí cuya guarida estaba en el monte Erimanto. A continuación, Hércules tuvo que limpiar en un día la suciedad acumulada durante treinta años por miles de rebaños en los establos de Augias. Desvió el cauce de dos ríos, haciendo que corrieran por los establos. En su siguiente trabajo apartó una enorme bandada de aves de picos, garras y alas de bronce que vivían junto al lago Estínfalo y atacaban a las gentes del lugar, y devastaban sus campos y cosechas. Para cumplir su séptimo trabajo, Hércules entregó a Euristeo un toro furioso que Poseidón, dios del mar, había enviado para aterrorizar a Creta. Para recuperar las yeguas de Diomedes, rey de Tracia, que se alimentaban de carne humana, Hércules capturó al rey, se lo ofreció como alimento a las yeguas y después las condujo hacia Micenas. Hipólita, reina de las amazonas, deseaba ayudar a Hércules en su noveno trabajo. Cuando Hipólita estaba a punto de dar a Hércules su cinturón, que Euristeo quería para su hija, Hera dijo a las amazonas que Hércules intentaba raptar a la reina y estas lo atacaron. Entonces el héroe mató a Hipólita, creyendo que era responsable del consiguiente ataque, y escapó llevándose el cinturón. En su camino a la isla de Eritia para capturar los bueyes de Gerión, el monstruo de tres cabezas, Hércules erigió dos grandes columnas (los peñones de Gibraltar y de Ceuta, que bordean ahora el estrecho de Gibraltar, y que se representan en el escudo de la ciudad de Cádiz) como monumentos conmemorativos de su hazaña. Después de que Hércules se llevara los bueyes, fue a buscar las manzanas de oro de las hespérides pero como no sabía dónde estaban esas manzanas, pidió ayuda a Atlas, padre de las hespérides. Atlas accedió a ayudarlo si Hércules, sostenía el mundo sobre sus hombros, mientras él conseguía las manzanas. El último y más difícil trabajo de Hércules fue capturar a Cerbero, el perro de los infiernos. Hades, dios de los muertos, dio permiso a Hércules para llevarse al animal siempre que no usara armas. Hércules capturó a Cerbero, lo llevó a Micenas y lo devolvió al Hades. Después Hércules se casó con Deyanira, a la que obtuvo de Anteo, hijo de Poseidón, dios del mar. Cuando el centauro Neso atacó a Deyanira, Hércules lo hirió con una flecha de las que había envenenado con la sangre de Hidra. El centauro moribundo dijo a Deyanira que tomara un poco de su sangre que, según él, era un poderoso filtro de amor, pero era un veneno. Creyendo que Hércules se había enamorado de la princesa Yole, Deyanira le envió una túnica mojada con la sangre. Cuando se la puso, el dolor causado por el veneno fue tan grande que se mató arrojándose a una pira funeraria. Después de su muerte, los dioses lo llevaron al Olimpo y lo casaron con Hebe, diosa de la juventud. Los griegos veneraron a Hércules como un dios y como un héroe mortal. Se le solía representar como un hombre fuerte y musculoso, vestido con una piel de león y armado de un garrote. La estatua más famosa del mítico héroe está en el Museo Nacional de Nápoles. TESEO Teseo, en la mitología griega, el mayor héroe ateniense, hijo de Egeo, rey de Atenas, o de Poseidón, dios del mar, y de Etra, hija de Piteo, rey de Trecén. A los 16 años, Teseo, que se había educado en Trecén, fue a Atenas a reclamar a Egeo como su padre. El joven decidió hacer el azaroso viaje por tierra, despejar el camino de bandidos y monstruos e infligir el mismo tipo de muerte que ellos habían dado a sus víctimas. Entre los villanos a los que mató estaban Escirón, Sinis y Procrustes. Teseo llegó a Atenas con una espada y un par de sandalias que Egeo había dejado a su hijo en Trecén. Medea, la mujer de Egeo, intentó envenenarlo, pero en cuanto Egeo reconoció las prendas familiares, proclamó a Teseo su hijo y heredero y desterró a Medea. Sus primeras aventuras incluyen el encuentro con el Minotauro, un monstruo mitad hombre, mitad toro, que estaba encerrado en un laberinto del palacio de Minos, rey de Creta. Con la ayuda de Ariadna, la hija de Minos, Teseo mató al Minotauro y escapó del laberinto. A su vuelta a Atenas, sin embargo, olvidó izar una vela blanca que representaba su victoria sobre el Minotauro. Egeo, al ver una vela negra, creyó a su hijo muerto y se arrojó desde una altura rocosa al mar, que desde entonces se conoce como mar Egeo. Como rey de Atenas, Teseo fue sabio y generoso, pero mantuvo su gusto por el peligro y la aventura. Raptó a la amazona Hipólita, quien le dio un hijo, Hipólito. Tomó parte en la caza del jabalí de Calidón y en la búsqueda de los Argonautas del vellocino de oro. Fue un devoto amigo de Piritoo, rey de los lapitas, a quien acompañó a los infiernos para rescatar a la diosa Perséfone. El dios Hades hizo prisioneros a ambos hombres por su irreflexiva acción, pero Hércules consiguió rescatar a Teseo. De vuelta en Atenas, encontró su reino sumido en el caos, agitado por rebeliones y por la corrupción. Incapaz de restablecer la autoridad, envió a sus hijos fuera y zarpó hacia la isla de Esciros, donde Licomedes, rey de la isla, lo mató arrojándolo al mar desde un acantilado. El oráculo de Delfos encargó a los atenienses que recogieran los huesos de Teseo y los devolvieran a Atenas. Así lo hicieron y le rindieron grandes honores construyéndole una tumba al pobre y desamparado hombre que les había ofrecido su amistad. ÁYAX, HIJO DE OILEO Áyax, hijo de Oileo, en la mitología griega, jefe de Locris en la Grecia central, que luchó en la guerra de Troya. Después de la caída de Troya, violó el templo de Atenea al arrastrar a la profetisa Casandra desde el altar de la diosa. Atenea acudió al dios del mar Poseidón para vengar este sacrilegio. Cuando los griegos zarparon de vuelta a casa, Poseidón les envió una gran tempestad. Áyax naufragó, pero consiguió llegar a nado hasta la orilla. Aferrándose a una roca escarpada, se jactó de ser un hombre que no podía ahogarse en el mar. Irritado por sus palabras, Poseidón hendió en la roca su tridente y Áyax fue arrastrado por las olas. ÁYAX, HIJO DE TELAMÓN Áyax, hijo de Telamón, en la mitología griega, poderoso guerrero que combatió en la guerra de Troya. Era hijo de Telamón, rey de Salamina, y condujo a las fuerzas de esta isla hacia Troya. Un hombre corpulento, lento en el hablar pero veloz en la batalla, Áyax fue llamado “baluarte de los aqueos” por Homero. Encolerizado por no habérsele concedido la armadura del difunto Aquiles, Áyax decidió matar a los jefes griegos Agamenón y Menelao. Para protegerlos, la diosa Atenea golpeó con violencia a Áyax, que acabó con su vida clavándose su propia espada. AQUILES Aquiles, en la mitología griega, el mayor de los guerreros griegos en la guerra de Troya. Era hijo de la ninfa del mar, Tetis, y de Peleo, rey de los mirmidones de Tesalia. Cuando era un niño su madre lo sumergió en el Éstige para hacerlo inmortal. Las aguas lo hicieron invulnerable menos en el talón, por donde lo sostenía su madre. Aquiles libró muchas batallas durante el sitio de diez años a la ciudad de Troya. Cuando el rey miceno Agamenón tomó para sí a la doncella cautiva Briseida, Aquiles retiró a los mirmidones de la batalla y se encerró encolerizado en su tienda. Los troyanos, envalentonados por su ausencia, atacaron a los griegos y los forzaron a una retirada precipitada. Entonces Patroclo, amigo y compañero de Aquiles, le pidió que le prestara su armadura y le dejara avanzar con los mirmidones a la batalla. Aquiles aceptó. Cuando el príncipe troyano Héctor mató a Patroclo, el desconsolado Aquiles volvió a la batalla, mató a Héctor y arrastró su cuerpo triunfante detrás de su carro. Más tarde permitió a Príamo, rey de Troya, rescatar el cuerpo de Héctor. Aquiles peleó su última batalla con Memnón, rey de los etíopes. Después de matar al rey, Aquiles condujo a los griegos hacia los muros de Troya. Allí fue mortalmente herido en el talón por Paris. La disputa entre Aquiles y Agamenón, la batalla posterior y el rescate del cuerpo de Héctor son narrados en la Iliada. PATROCLO Patroclo, en la mitología griega, amigo dilecto del héroe Aquiles, a quien acompañó a la guerra de Troya. En el décimo año del conflicto, Aquiles retiró del combate a sus tropas, los mirmidones, por una disputa con Agamenón, capitán de las fuerzas griegas. Sin Aquiles, los griegos comenzaron a perder frente a los troyanos. Finalmente, cuando éstos estaban a punto de quemar las naves griegas, Patroclo persuadió a Aquiles para que le permitiera guiar a los mirmidones con el objeto de librar a los griegos del desastre. Vestido con la armadura de Aquiles, Patroclo condujo a los griegos a la victoria, forzando a los troyanos a retroceder hasta las murallas de su ciudad. Sin embargo, en su máximo momento de gloria, Patroclo murió a manos del capitán troyano, Héctor. Para vengar la muerte de su amigo, Aquiles reanudó la lucha y mató a Héctor. HÉCTOR Héctor, en la mitología griega, hijo mayor del rey Príamo y la reina Hécuba de Troya, y esposo de Andrómaca. En la Iliada, de Homero, que narra la guerra de Troya, Héctor es el mejor guerrero troyano. Como comandante de las fuerzas de la ciudad, su contribución a la resistencia frente al ejército griego durante nueve años es decisiva, y casi al final obliga a los griegos a huir en sus barcos. Sin embargo, durante la batalla mata a Patroclo, el amigo amado de Aquiles, el héroe de los griegos. Aquiles, que se había retirado de la lucha por una disputa con el rey Agamenón, líder de las fuerzas griegas, vuelve al campo de batalla para vengar la muerte de su amigo. Desconsolado y frenético, persigue a Héctor tres veces alrededor de las murallas de Troya, lo mata y después ata el cadáver a su carro y lo arrastra por el exterior de las murallas hasta la pira funeraria de Patroclo. Al enterarse de que los griegos se niegan a celebrar los ritos funerales de su hijo, el triste Príamo acude a Aquiles con la ayuda del dios Hermes y le pide que le entregue el cuerpo de su hijo. Aquiles accede conmovido por el dolor del viejo rey y declara una tregua para que los troyanos celebren un funeral adecuado. La Iliada concluye con una descripción del funeral celebrado en honor de Héctor. En contraste con el feroz Aquiles, Héctor simboliza el guerrero caballeroso. NEOPTÓLEMO Neoptólemo, también llamado Pirro, en la mitología griega, hijo del guerrero Aquiles y de Deidamía de Esciros. Neoptólemo se crió en Esciros y, después de la muerte de Aquiles, el héroe Odiseo lo llevó a Troya, durante el último año de la guerra de Troya, porque, según la profecía los griegos no podrían tomar la ciudad sin su ayuda. Estaba entre los guerreros que entraron en ella gracias al caballo de Troya y, una vez tomada la ciudad, mató a su rey, Príamo. Neoptólemo nunca regresó a Esciros, pero se instaló, en cambio, en Epiro. Se lo consideró posteriormente el antepasado de los reyes molosos de esa región. Se casó con Hermíone, hija de Menelao y de Helena de Troya, reyes de Esparta. Asesinado en Delfos, Neoptólemo fue enterrado dentro del recinto del templo y se celebraron festivales en su honor cada ocho años. ODISEO Odiseo, en la mitología griega, el más célebre de los héroes antiguos, gobernador de la isla de Ítaca y uno de los jefes del ejército griego durante la guerra de Troya. Homero, en la Odisea, narra las aventuras de Odiseo y su final regreso al hogar diez años después de la caída de Troya. Inicialmente, se le mencionaba como hijo de Laertes, rey de Ítaca, aunque en la tradición posterior se consideró a Sísifo, rey de Corinto, como su padre real. Su madre se habría casado posteriormente con Laertes. Al principio Odiseo se negó a acompañar a los griegos a Troya, y se fingió loco, sembrando sus campos con sal, pero sus compañeros pusieron a su hijo Telémaco a que arara los campos y, entonces, se vio obligado a admitir su engaño y se reunió con el ejército invasor. En la Iliada de Homero, aparece como un guerrero valiente, sagaz y astuto, y se le concede la famosa armadura del guerrero griego Aquiles cuando éste muere. Odiseo fue a buscar a Neoptólemo y Filoctetes para que participaran en la fase final del conflicto. En la Odisea se dice que él propuso la estratagema del Caballo de Troya, recurso mediante el cual se conquistó la ciudad. En las obras de los escritores clásicos posteriores, especialmente en las del poeta griego Píndaro, el dramaturgo griego Eurípides y el poeta romano Virgilio, Odiseo aparece caracterizado como un político cobarde e intrigante. Su nombre latino es Ulises. CÁSTOR Y PÓLUX Cástor y Pólux, en la mitología griega y romana, los hijos mellizos de Leda, mujer del rey espartano Tindáreo. Eran hermanos de Clitemnestra, reina de Micenas, y de Helena de Troya. Aunque ambos eran conocidos como los Dioscuros, o Hijos de Zeus, en la mayor parte de las narraciones sólo a Pólux se le considera inmortal, porque fue concebido cuando Zeus sedujo a Leda bajo forma de cisne. Sin embargo, se considera que Cástor, su hermano gemelo, era hijo mortal de Tindáreo. Ambos fueron venerados como deidades en el mundo romano, aunque también se los conceptuaba como protectores de marinos y guerreros. Vivieron justo antes de la guerra de Troya, y tomaron parte en muchos de los grandes hechos, incluido la caza caledonia del jabalí, la expedición de los Argonautas, y el rescate de su hermana Helena, llevada a cabo por el héroe griego Teseo. Los hermanos fueron inseparables en todas sus aventuras, y cuando Idas, un ganadero, mató a Cástor por una disputa sobre sus bueyes, Pólux quedó desconsolado. En respuesta a sus plegarias en las que pedía la muerte para sí mismo o la inmortalidad para su hermano, Zeus reunió a ambos, permitiéndoles estar siempre juntos, la mitad del tiempo en el submundo y la otra mitad con los dioses en el monte Olimpo. Según una leyenda posterior, Cástor y Pólux fueron transformados por Zeus en la constelación de Géminis o los Gemelos. MENELAO Menelao, en la mitología griega, rey de Esparta, hermano de Agamenón, rey de Micenas, y marido de Helena de Troya. Cuando el príncipe troyano Paris raptó a Helena, Menelao organizó una expedición para rescatarla. Bajo el mando de Agamenón, Menelao y los demás reyes griegos zarparon hacia Troya. Al término de la consiguiente guerra de Troya, Menelao fue uno de los griegos que se ocultó en el caballo de madera y saqueó la ciudad. Después de reconciliarse con Helena, Menelao intentó regresar a Grecia. Se vieron forzados, sin embargo, a una travesía por el Mediterráneo oriental, antes de llegar a Esparta, que duró ocho años. Allí Menelao prosperó enormemente y, junto con Helena, disfrutó de una vida larga y feliz. PARIS Paris, también llamado Alejandro, en la mitología griega, hijo de Príamo y de Hécuba, rey y reina de Troya. Una profecía había anticipado que Paris causaría la ruina de Troya y, por esa razón, Príamo lo abandonó en el monte Ida, donde unos pastores lo encontraron y lo criaron. Estaba cuidando a su oveja, cuando se suscitó una discusión entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita acerca de quién era la más bella. Las tres diosas le solicitaron que hiciera de juez. Cada una de ellas intentó sobornarlo: Hera le prometió que lo haría soberano de Europa y Asia, Atenea que le ayudaría a lograr la victoria de Troya contra los griegos, y Afrodita que le concedería la mujer más hermosa del mundo, Helena, la esposa de Menelao, rey de Esparta. Paris eligió a Afrodita, aunque en realidad estaba enamorado de la ninfa Enone. Su decisión hizo que Hera y Atenea se volvieran enemigas acérrimas de su país. Este hecho, unido al rapto de Helena en ausencia de Menelao, desató la guerra de Troya. Al décimo año del sitio de Troya, Paris y Menelao entablaron un combate singular cuerpo a cuerpo. Menelao habría logrado fácilmente la victoria si no hubiera intervenido Afrodita, que envolvió a Paris en una nube y lo llevó de vuelta a Troya pero, antes de la caída de la ciudad, fue herido mortalmente por el arquero Filoctetes y acudió entonces a Enone, para que lo curara con una droga mágica que tenía. Ella se negó pero, cuando Paris murió, decidió suicidarse transida de pena. AGAMENÓN Agamenón, en la mitología griega, rey de Micenas y jefe de las fuerzas griegas en la guerra de Troya. Era hijo de Atreo y padeció la maldición lanzada sobre su casa. Cuando los griegos se reunieron en Áulide para su viaje a Troya, se vieron obligados a retroceder por los vientos adversos. Para calmar los vientos, Agamenón sacrificó a su hija Ifigenia a la diosa Ártemis. Su disputa con Aquiles sobre la princesa cautiva Briseida y las consecuencias de esa cólera forman buena parte del argumento de la Iliada de Homero. Después de un sitio de diez años, cayó Troya y Agamenón volvió victorioso a Micenas. Con él fue la princesa troyana Casandra, que le había sido concedida por el ejército griego triunfante. Clitemnestra, mujer de Agamenón, lo recibió con expresiones de amor, pero mientras él estaba en el baño, ella le tendió una trampa. Egisto, el amante de ella, golpeó a Agamenón con una espada y, mientras estaba inconsciente por el golpe, Clitemnestra lo decapitó con un hacha. Su muerte fue vengada siete años más tarde por su hijo Orestes. La historia de la muerte de Agamenón es contada en la primera pieza de la trilogía Orestíada, del poeta griego antiguo Esquilo. ENEAS Eneas, en la mitología latina, hijo de Anquises, un príncipe troyano, y de Venus, diosa del amor. Después de la toma de Troya por los griegos, Eneas fue capaz, con la ayuda de su madre, de escapar de la ciudad caída. Con su padre anciano a cuestas y mientras guiaba a su hijo pequeño de la mano, hizo su camino hasta la costa. En la confusión de la fuga, su mujer quedó atrás. Un largo, peligroso y aventurado viaje lo llevó a Tracia, Delos, Creta y Sicilia, donde murió su padre. La diosa Juno, que siempre había odiado a Eneas y quería impedirle que fundara Roma, destino del héroe que ella conocía, intentó detenerlo con una violenta tempestad. Él y su tripulación fueron arrojados a la costa africana, donde los recibió Dido, la hermosa reina de Cartago. Dido se enamoró de Eneas y le suplicó que se quedara. Cuando él se negó y se hizo a la mar, ella, desesperada, se quitó la vida. Después de varios años de navegación, Eneas alcanzó Italia y la desembocadura del Tíber; allí fue recibido hospitalariamente por Latino, rey del Lacio. Se convirtió en prometido de Lavinia, la hija de Latino, pero antes de que pudiera casarse con ella, Juno hizo que Turno, rey de los rútulos y un pretendiente rechazado de Lavinia, entablara la guerra contra Eneas y Latino. La guerra se desencadenó como un combate cuerpo a cuerpo, en el que Eneas venció y mató a Turno. Eneas gobernó así durante varios años en el Lacio y, casado con Lavinia, fundó el pueblo romano. La gran epopeya latina, la Eneida de Virgilio, narra la historia detallada de las peligrosas travesías de Eneas y acaba con la muerte de Turno. EDIPO Edipo, en la mitología griega, rey de Tebas, hijo de Layo y Yocasta, rey y reina de Tebas respectivamente. Un oráculo advirtió a Layo que sería asesinado por su propio hijo. Decidido a rehuir su destino, ató los pies de su hijo recién nacido y lo abandonó para que muriera en una montaña solitaria. Un pastor recogió al niño y se lo entregó a Pólibo, rey de Corinto, quien le dio el nombre de Edipo (pie hinchado) y lo adoptó como su propio hijo. El niño no sabía que era adoptado y, cuando un oráculo proclamó que mataría a su padre, abandonó Corinto. Durante su travesía, encontró y mató a Layo, creyendo que el rey y sus acompañantes eran una banda de ladrones y así, inesperadamente, se cumplió la profecía. Solo y sin hogar, Edipo llegó a Tebas, acosado por un monstruo espantoso, la Esfinge, que andaba por los caminos que iban a la ciudad, matando y devorando a todos los viajeros que no sabían responder al enigma que les planteaba. Cuando Edipo resolvió acertadamente el enigma, la esfinge se suicidó. Creyendo que el rey Layo había muerto en manos de asaltantes desconocidos, y agradecidos al viajero por librarlos del monstruo, los tebanos lo recompensaron haciéndolo su rey y dándole a la reina Yocasta por esposa. Durante muchos años la pareja vivió feliz, sin saber que ellos eran en realidad madre e hijo. Entonces descendió una terrible peste sobre la tierra, y el oráculo proclamó que debía ser castigado el asesino de Layo. Pronto Edipo descubrió que involuntariamente había matado a su padre. Atribulada por su vida incestuosa, Yocasta se suicidó y, cuando Edipo se dio cuenta de que ella se había matado y que se condenaba a sus hijos, se quitó los ojos y abandonó el trono. Vivió en Tebas varios años pero acabó desterrado. Acompañado por su hija Antígona, vagó durante muchos años. Finalmente llegó a Colono, un santuario cerca de Atenas consagrado a las poderosas deidades llamadas Euménides. En este santuario para suplicantes murió Edipo, después de recibir la promesa del dios Apolo de que el lugar de su muerte permanecería sagrado y otorgaría un gran beneficio a la ciudad de Atenas, que había dado refugio al vagabundo. ORESTES Orestes, en la mitología griega, hijo de Agamenón, rey de Micenas, y de Clitemnestra. Era aún un niño cuando su madre y su amante, Egisto, asesinaron a Agamenón. La hermana mayor de Orestes, Electra, temiendo por la vida del niño, lo envió al cuidado de su tío Estrofio, rey de Fócide. Allí creció junto con el hijo de Estrofio, Pílades, que llegó a ser su compañero de toda la vida. Cuando alcanzó la madurez, Orestes comprendió que era para él un deber sagrado vengar la muerte de su padre, pero consideraba espantoso el crimen del matricidio. Consultó el oráculo de Delfos y se le advirtió que mataría a los dos autores del asesinato de su padre. Con Pílades volvió a Micenas y vengó la muerte de Agamenón. Perseguido por las diosas de la venganza, las erinias, Orestes erró a través de muchas tierras. Finalmente, por orden del dios Apolo, fue a Atenas a defender su causa ante la diosa Atenea y un consejo de nobles, el Areópago. Orestes se declaró culpable del matricidio, pero afirmó que había purgado su culpa con el sufrimiento. El tribunal aceptó el alegato y absolvió a Orestes. De acuerdo con las tragedias del dramaturgo griego Eurípides, algunas de las erinias rehusaron aceptar el veredicto y continuaron persiguiendo a Orestes. Desesperado, consultó de nuevo el oráculo de Delfos. Se le advirtió que iría a Táuride (la actual Crimea) y robaría la imagen sagrada de Ártemis del templo de la diosa. Fue con Pílades al templo y descubrió que la sacerdotisa era su hermana Ifigenia, a quien él creía muerta. Con su ayuda robó la estatua sagrada y la llevó consigo a Micenas. Después, las erinias dejaron a Orestes vivir en paz. CADMO Cadmo, en la mitología griega, príncipe fenicio que fundó la ciudad de Tebas en Grecia. Cuando su hermana Europa fue raptada por el dios Zeus, su padre le ordenó que saliera a buscarla con una expedición y, además le dijo, que si fracasaba, no volviera a casa. Incapaz de encontrar a su hermana, consultó al oráculo de Delfos: éste le recomendó que abandonara la búsqueda y que, en cambio, fundara una ciudad en un lugar preciso: una vez que abandonara Delfos, encontraría una vaquilla, debería seguirla y construir la ciudad donde ella se parara a descansar. Cerca del sitio de la nueva ciudad, Cadmo y sus compañeros encontraron un bosquecillo sagrado custodiado por un dragón. La fiera mató a sus compañeros y Cadmo acabó con el dragón. Por consejo de la diosa Atenea, sembró los dientes del animal en la tierra. De ellos surgieron hombres armados que se pusieron a luchar entre sí hasta que todos, menos cinco, acabaron muertos. Con los vencedores Cadmo fundó la ciudadela de la nueva ciudad de Tebas, y ellos se convirtieron en los jefes de sus familias nobles. Sin embargo, antes de que Cadmo pudiera disfrutar de su nuevo hogar, tuvo que hacer penitencia por haber matado al dragón, dado que estaba consagrado a Ares, dios de la guerra. Por fin después de ocho años de servidumbre, llegó a ser rey de Tebas y recibió como esposa a Armonía, la hija de Ares y Afrodita. Aunque Tebas prosperó bajo el gobierno de Cadmo, el infortunio marcó la vida de sus descendientes: dos de sus hijas y dos de sus nietos sufrieron muertes violentas. Ya anciano, escapó con su mujer a Iliria donde, al morir, tanto él como ella se convirtieron en serpientes. Según la tradición, Cadmo introdujo el alfabeto en Grecia. PERSEO Perseo, en la mitología griega, héroe que acabó con la gorgona Medusa; era hijo de Zeus, padre de los dioses, y de Dánae, hija de Acrisio, rey de Argos. Advertido de que sería asesinado por su nieto, Acrisio encerró a madre e hijo en un cofre y allí los arrojó al mar. La corriente los arrastró hasta la isla de Sérifos, donde fueron rescatados y allí Perseo alcanzó la madurez. Polidectes, rey de Sérifos, se enamoró de Dánae y, temiendo que Perseo pudiera interferir en sus planes, lo envió en busca de la cabeza de Medusa, un monstruo cuya mirada convertía a los hombres en piedra. Ayudado por Hermes, mensajero de los dioses, Perseo emprendió su camino en busca de las grayas, tres viejas brujas que compartían un solo ojo. Perseo se lo quitó y se negó a devolverlo mientras no le diesen instrucciones para alcanzar a las ninfas del norte. De las ninfas obtuvo sandalias aladas, un zurrón mágico que guardaba todo lo que se pusiese en él y un casco que lo volvía invisible. Equipado con una espada fabricada por Hermes, la cual no podía doblarse ni romperse nunca, y un escudo que le dio la diosa Atenea, que lo protegería de ser convertido en piedra, Perseo encontró a Medusa y la mató. Invisible gracias al casco, fue capaz de escapar a la furia de sus hermanas y con la cabeza de la Medusa en el zurrón volvió volando con sus sandalias aladas a casa. Al pasar por Etiopía, rescató a la princesa Andrómeda cuando estaban a punto de sacrificarla a un monstruo marino y la llevó consigo como su mujer. En Sérifos liberó a su madre de los acosos de Polidectes usando la cabeza de Medusa para convertir al rey y a sus acólitos en piedra. Todos volvieron a Grecia, donde Perseo mató accidentalmente a su abuelo Acrisio con un disco en unos juegos fúnebres en Larisa, con lo que se cumplió la profecía. Según una leyenda, Perseo fue a Asia, donde su hijo Perses gobernó a los persas, cuyo nombre proviene de él. JASÓN Jasón, en la mitología griega, hijo de Esón, rey de Yolco. Cuando Pelias, hermanastro de Esón, le arrebató el trono, Jasón, legítimo heredero, aún un niño, fue enviado al cuidado del centauro Quirón. Alcanzada la edad viril, volvió resueltamente a Grecia para recuperar su reino. Pelias simuló estar dispuesto a dejar el trono, pero dijo que el joven debía emprender primero la búsqueda del vellocino de oro, que era legítima propiedad de su familia. Pelias no creía que Jasón pudiera salir airoso de esta búsqueda ni que regresara vivo, pero el joven supo burlar todos los peligros que se le presentaron. Jasón reunió una tripulación de jóvenes heroicos de todas partes de Grecia para que zarparan con él en la nave Argo. Después de un viaje de inmensos peligros, los Argonautas llegaron a Cólquida, el país donde el rey Eetes guardaba el vellocino de oro. Eetes estuvo de acuerdo con entregárselo si Jasón conseguía ungir a dos toros con patas de bronce que echaban fuego por la boca, y sembraba los dientes del dragón que Cadmo, el fundador de Tebas, había matado tiempo atrás. De los dientes brotó una cosecha de hombres armados que se volvieron contra Jasón. Jasón llevó a cabo su proeza con la ayuda de la hechicera Medea, la hija del rey. Sin que éste lo supiera, la diosa Hera había intervenido a su favor haciendo que Medea se enamorara de él. La maga le dio a Jasón una pócima para rociar sus armas que le harían invencible el día de su prueba, y lo ayudó a robar el vellocino esa noche, hechizando al dragón insomne que lo custodiaba. A cambio de su ayuda, Jasón prometió que amaría siempre a Medea y que se casaría con ella en cuanto estuvieran de regreso y a salvo en Grecia. Llevando el vellocino y acompañado por Medea, Jasón y los Argonautas se las ingeniaron para escapar de Eetes. Al llegar a Grecia, la tripulación se dispersó, y Jasón y Medea entregaron el vellocino de oro a Pelias. En ausencia de Jasón, Pelias había obligado a Esón a matarse y su madre había muerto de pena. Para vengar esas muertes, Jasón le pidió ayuda a Medea; ésta engañó a las hijas de Pelias haciendo que mataran a su padre y después ella y Jasón se fueron a Corinto, donde tuvieron dos hijos. En lugar de demostrar gratitud a Medea por todo lo que le había dado, Jasón la traicionó, casándose con la hija del rey de Corinto. Presa de la desesperación, Medea empleó sus recursos de hechicera para matar a la novia. Después, temiendo que sus hijos pudieran quedarse solos y que cualquier extraño los maltratara, ella los mató. Cuando el furioso Jasón estaba dispuesto a matarla, ella escapó en un carro tirado por dragones. ORFEO Orfeo, en la mitología griega, poeta y músico, hijo de la musa Calíope y de Apolo, dios de la música, o de Eagro, rey de Tracia. Recibió la lira de Apolo y llegó a ser un músico tan excelente que no tuvo rival entre los mortales. Cuando Orfeo tocaba y cantaba, conmovía a todas las cosas, tanto animadas como inanimadas. Su música encantaba a los árboles y las rocas, amansaba las fieras y hasta los ríos cambiaban su curso para seguirlo. Orfeo es más conocido por su desafortunado matrimonio con la adorable ninfa Eurídice. Poco después de la boda, la novia sufrió la picadura de una víbora y murió. Abrumado por el dolor, Orfeo decidió ir al mundo subterráneo para buscarla y llevarla otra vez al mundo de los vivos, algo que nadie había hecho hasta entonces. Hades, el soberano del reino subterráneo, quedó tan conmovido por su música que le devolvió a Eurídice, con la condición de que él no volviera la cabeza hacia atrás mientras regresaban al mundo de los vivos. Orfeo no pudo dominar su ansiedad, y cuando alcanzó la luz del día giró la cabeza, por lo que Eurídice se desvaneció. Desesperado, Orfeo renunció a la compañía humana y vagó por el desierto, tocando su música para las rocas, los árboles y los ríos. Finalmente, un violento grupo de mujeres tracias, seguidoras del dios Dioniso, se encontraron con el delicado músico y lo mataron. Cuando ellas arrojaron su cabeza cortada al río Hebro, ésta continuó llamando a Eurídice y llegó finalmente a la costa de Lesbos, donde las musas lo sepultaron. Después de su muerte, la lira de Orfeo se transformó en la constelación Lira.

Wednesday, January 11, 2006

LITERATURA GRIEGA

Literatura griega 1 INTRODUCCIÓN Literatura griega, literatura de los pueblos de habla griega desde finales del segundo milenio a.C. hasta la actualidad. Se desarrolló como expresión nacional con escasas influencias exteriores hasta el periodo helenístico y tuvo un efecto formativo en toda la literatura europea posterior. 2 EL PERIODO PRIMITIVO Los escritos del periodo primitivo de la literatura griega son, casi en su totalidad, textos en verso. Para detalles sobre la métrica y otros elementos de la estructura del verso, ver Versificación. Para más detalles sobre los dialectos griegos mencionados, ver Lengua griega. 2.1 Poesía épica Los primitivos habitantes de Grecia, los pueblos de las civilizaciones egea y micénica, poseyeron una literatura oral compuesta en su mayor parte por canciones que hablaban de las guerras, las cosechas y los ritos funerarios. Los helenos se apropiaron de estas canciones en el segundo milenio a.C. y, aunque no se conserva ningún fragmento, los cantos de losaedos dedicados a los héroes prefiguran la poesía épica. La épica griega alcanzó su máximo esplendor con la Iliada y la Odisea de Homero, aunque se cree que pueden ser obra de una sucesión de poetas que vivieron a lo largo del siglo IX a.C. (ver Poesía épica; Poesía). Escritos en dialecto jónico con mezclas eólico, la perfección de sus versos hexámetros dáctilos indica que los poemas son la culminación, más que el principio, de una tradición literaria. Los poemas épicos homéricos se difundieron en las recitaciones de cantores profesionales que, en sucesivas generaciones, alteraron el original, actualizando el lenguaje. Esta tradición oral se mantuvo durante más de cuatro siglos. Otros acontecimientos míticos y heroicos que no se celebran en la obra homérica o que no se narran en su totalidad, se convirtieron en el argumento de varios poemas épicos posteriores, algunos de cuyos fragmentos se conservan. Un grupo de estos poemas épicos, compuestos entre 800-550 a.C., por un número indeterminado de poetas conocidos como poetas cíclicos, tratan de la guerra de Troya y la expedición de Los Siete contra Tebas. Entre los poetas épicos conocidos, casi todos posteriores, se cuentan Pisandro de Rodas, autor de la Heracleia, que trata de las hazañas del héroe mitológico Hércules; Paniasis de Halicarnaso, que escribió una obra también llamada Heracleia, de la que sólo se conservan algunos fragmentos, y Antímaco de Colofón o Claros, autor de la Tebas y considerado fundador de la llamada escuela de poesía épica. Antímaco influyó poderosamente en los poetas épicos alejandrinos posteriores La crítica textual contemporánea ha establecido que varias de las obras atribuidas en un principio a Homero son de autoría posterior. Las más tempranas son, probablemente, los llamados 34 himnos homéricos, fechados entre el 700 y el 400 a.C., una magnífica serie de himnos a los dioses escritos en hexámetros dactílicos. Entre otros poemas semejantes destaca la burlesca Batracomiomaquia. Poco después de Homero, el poeta Hesíodo escribió su obra principal, Los trabajos y los días, compuesta también en dialecto jónico con algunas mezclas de eólico. Es el primer poema griego que abandona la leyenda o el mito para centrarse en la vida cotidiana, las experiencias y pensamientos de un granjero beocio. La Teogonía, normalmente atribuida a Hesíodo, aunque algunos críticos la consideran posterior, narra el nacimiento del orden a partir del caos y el de los dioses. El dístico elegíaco se popularizó en toda Grecia durante el siglo VII a.C. y se utilizó en composiciones de todas clases, desde canciones fúnebres a canciones de amor. El primer autor conocido de elegías fue Calino de Éfeso. Otros famosos poetas elegíacos primitivos fueron Tirteo de Esparta, Mimnermo de Colofón, Arquíloco de Paros, Solón —el primer poeta ateniense— y Teognis de Megara. Se cree que el creador del verso yámbico fue Arquíloco, que lo utilizó ampliamente en sátiras mordaces. Solón y muchos otros poetas también lo usaron en poemas reflexivos. Puesto que representa los ritmos de la antigua habla griega con mayor fidelidad que ningún otro metro, el verso yámbico empezó a emplearse también en el diálogo de las tragedias, en la forma de trímetro yámbico. Las fábulas de Esopo se escribieron originalmente en trímetros yámbicos, aunque los textos que han llegado hasta nuestros días datan de mucho tiempo después (ver Fábula). 2.2 Poesía lírica La poesía lírica procede de canciones acompañadas de la lira, y en la antigua Grecia había dos tipos principales, la personal y la coral. La lírica personal se desarrolló en la isla de Lesbos. El poeta y músico Terpandro, que había nacido en Lesbos pero que vivió casi toda su vida en Esparta, está considerado como el primer poeta lírico griego porque fue el que antes compuso música y poesía. La mayor parte de sus poemas eran nomos o himnos litúrgicos en honor de Apolo, y cantados por un solo intérprete acompañado de la lira. Después de Terpandro aparecieron en el siglo VII a.C. los grandes poetas de Lesbos. Los poemas líricos de Alceo, inventor de la estrofa alcea, hablan de temas políticos, religiosos e intimistas. Safo, la poetisa más importante de la antigua Grecia, creó la estrofa sáfica aunque escribió también en otras formas líricas. Sus poemas de amor y amistad se encuentran entre los más apasionados y mejor trabajados de la tradición occidental. Los poetas lésbicos, así como varios poetas líricos posteriores de otras ciudades griegas, compusieron en dialecto eólico. En el siglo VI a.C., el poeta Anacreonte escribió alegres poemas sobre el vino y el amor en varios metros líricos; sus obras posteriores, similares en tono y tema, se conocen como anacreónticos. También escribió dísticos (pareados) elegíacos, epigramas y poemas en metros yámbicos. La lírica coral surgió en el siglo VII a.C. obra de poetas que escribieron en dialecto dórico, dominante en la región de Esparta, y que se utilizó incluso en épocas posteriores cuando los poetas de otros lugares de Grecia adoptaban este género lírico. Los poetas espartanos fueron los primeros en escribir de esta forma canciones para celebraciones públicas religiosas. Más tarde lo hicieron para celebrar triunfos personales, como, por ejemplo, una victoria en los juegos olímpicos. Taletas, que viajó de Creta a Esparta para sofocar una epidemia con himnos corales a Apolo, fue probablemente el primer poeta lírico coral. Le siguieron Terpandro, que escribió tanto poemas líricos intimistas como corales; Alcmán, autor sobre todo de partheneia, es decir, himnos procesionales corales cantados por un coro de doncellas y de carácter parcialmente religioso, de tono más ligero que los himnos a Apolo; y Arión, posible creador del ditirambo (forma poética en honor a Dioniso) y del estilo trágico, que se utilizó ampliamente en el drama griego. Entre los grandes escritores posteriores de poemas líricos corales se encuentran el poeta siciliano Estesícoro, contemporáneo de Alceo, que introdujo la forma ternaria de la oda coral, consistente en series de grupos de tres estrofas; Íbico de Reggio, autor de un largo fragmento que se conserva de una oda coral ternaria y de poemas líricos personales eróticos; Simónides de Ceos, cuya lírica coral incluye epinicia, u odas corales en honor de los vencedores en los juegos olímpicos, encomia, o himnos corales en honor a personas concretas, y cantos fúnebres, además de poemas líricos personales que incluyen epigramas; y Baquílides de Ceos, sobrino de Simónides, que escribió epinicios, de los que se conservan trece, y ditirambos, cinco de los cuales han llegado hasta la actualidad. La lírica coral alcanzó su apogeo hacia mediados del siglo V a.C. en las obras de Píndaro, que escribió muchos poemas de este género en todas las formas, incluyendo himnos, ditirambos y epinicios. Se conserva cerca de la cuarta parte de su obra, principalmente epinicios con la estructura trinaria creada por Estesícoro. Las tragedias de la época incluyen muchas odas corales importantes. 2.3 Otras formas Otro género que se desarrolló en el siglo VI a.C. fue un tipo de poema filosófico relacionado con la épica y escrito por filósofos griegos como Empédocles, Jenófanes y Parménides. Los primeros textos en prosa que han llegado hasta nuestros días datan de finales del siglo V a.C.; los más interesantes, sin ninguna duda, son los dedicados a la medicina atribuidos al médico Hipócrates. 3 EL PERIODO ÁTICO, SIGLOS VI-IV A.C. El drama se desarrolló en Atenas durante el siglo VI a.C. (ver Teatro y arte dramático). En su forma primitiva, consistió en un coro de hombres que cantaban y bailaban odas corales. Más tarde, se añadió un actor que dialogaba con el coro. 3.1 La tragedia La tragedia, tal y como hoy se la conoce, se cree que fue creada en el siglo VI a.C. por el poeta ateniense Esquilo, que introdujo el papel de un segundo actor, aparte del coro. Sus tragedias, cerca de 90, versan sobre temas tan excelsos como la divinidad y las relaciones de los seres humanos con los dioses. Únicamente siete de sus obras han llegado hasta hoy, entre ellas Prometeo encadenado, que narra el castigo de Zeus al titán Prometeo, y la Orestiada, trilogía que retrata el asesinato del héroe griego Agamenón por su mujer, el de ésta por su hijo Orestes y el posterior destino de Orestes. El segundo de los grandes trágicos griegos fue Sófocles. La admirable construcción de sus tramas y la manera en que sus temas y personajes despertaban al mismo tiempo piedad y temor, llevaron a Aristóteles y a otros críticos griegos a considerarle como el mejor autor de tragedias. Su Edipo rey constituye un epítome del género trágico. De las más de cien obras que escribió Sófocles, sólo se conservan siete tragedias, una obra satírica y más de mil fragmentos. Fue el primero en introducir el tercer actor en la escena, innovación que más tarde adoptaría Esquilo. Eurípides, coetáneo de Sófocles, fue el tercer gran autor de teatro. Escribió cerca de 92 obras, de las que se conservan 17 tragedias y una obra satírica completa, Los cíclopes. Se le considera más realista que sus predecesores, especialmente en la agudeza psicológica de sus personajes, por lo que para algunos críticos es el dramaturgo griego más moderno. Entre sus obras principales sobresale Medea, cuyo argumento gira en torno a la venganza llevada a cabo por la hechicera Medea contra su marido Jasón; e Hipólito, que trata del amor de Fedra por su hijastro Hipólito y su destino tras ser rechazada. 3.2 La comedia Uno de los más grandes poetas cómicos fue Aristófanes, cuya primera comedia, Daitaleis, hoy perdida, data del 427 a.C. Empleando la sátira dramática, ridiculizó a Eurípides en Las ranas y a Sócrates en Las nubes. Estas obras representan la antigua comedia de la literatura griega. La comedia griega posterior se divide en dos grupos, la comedia media (400-336 a.C.) y la comedia nueva (336-250 a.C.). En la media, ejemplificada por las dos últimas obras de Aristófanes, La asamblea de las mujeres y Pluto, ambas escritas entre 392 y 388 a.C., la sátira personal y política se reemplaza por la parodia, la ridiculización de los mitos y la crítica literaria y filosófica. Los principales autores de la comedia media fueron Antífanes de Atenas y Alexis de Thruil. Sólo se conservan fragmentos de sus obras. En la comedia nueva, la sátira se sustituye por la comedia social, con tramas y personajes cotidianos y familiares, y temas de amor romántico. El principal autor de esta comedia nueva fue Menandro, cuya influencia alcanzó a los dramaturgos latinos de los siglos III y II a.C., sobre todo a Plauto y Terencio. Se conservan una obra completa de Menandro, El tacaño, y fragmentos de otras. 3.3 La historia El primer historiador griego, Heródoto, escribió una crónica de las guerras persas (500-449 a.C.) en dialecto jónico. Su principal obra, Historias, es apreciada por su rica información sobre la Grecia antigua, así como por su estilo sugestivo. Tucídides fue el primer gran escritor ático de prosa, y con su Historia de la guerra del Peloponeso se ha ganado el título de primer historiador crítico. Las principales obras literarias del historiador y soldado Jenofonte fueron Anábasis, un relato de los mercenarios griegos que trataron de escapar de Persia; Memorabilia, una refutación de los cargos aportados contra Sócrates, junto con impresiones personales en forma de diálogo sobre su carácter y su filosofía; y Hellenica, en la que Jenofonte prosigue la historia de los griegos en el punto en que Tucídides la dejó. Un historiador posterior, Timeo, escribió una historia de Sicilia y se tiene noticia de que inventó el método de calcular el tiempo en las Olimpiadas. 3.4 La oratoria La prosa ática alcanzó su máxima expresión en las obras de los oradores atenienses. Antifón, profesor de retórica, es uno de los primeros cuyas obras se conservan. El orador Lisias empleó un estilo sencillo y directo, desprovisto de recursos retóricos. Se cree que escribió un discurso para que Sócrates lo utilizara en su proceso (399 a.C.). Los discursos de Isócrates, por otra parte, son obras literarias concebidas más para ser leídas que habladas. Las obras de Demóstenes suponen la rotunda perfección de la oratoria griega. Empleando todos los recursos del lenguaje, creó discursos que se convirtieron en modelos para los oradores posteriores. 3.5 La filosofía Los dos principales escritores de filosofía del periodo ático fueron Platón y Aristóteles. Platón desarrolló ciertos aspectos de la filosofía de Sócrates y expresó, en forma de diálogos escritos, el pensamiento filosófico que más tarde se denominó idealismo. Véase también Filosofía Griega. Los Diálogos de Platón no sólo son grandes obras filosóficas, sino también obras maestras de la literatura, llenas de poesía y dramatismo. El estilo de su prosa es uno de los más clarividentes y bellos de la literatura griega. Aristóteles, discípulo de Platón, escribió un gran número de obras sobre lógica, metafísica, ética, retórica y política. Algunos eruditos clásicos consideran que se trata de notas tomadas por los estudiantes de las clases que Aristóteles daba en el Liceo, su escuela de Atenas. De su crítica literaria sólo se conservan fragmentos sobre la tragedia, la poesía épica y la retórica. 4 EL PERIODO HELENÍSTICO, 323-146 A.C. Tras las conquistas de Alejandro III el Magno en el siglo IV a.C., la cultura griega se expandió por un amplio imperio. La más destacada entre las muchas escuelas de literatura que se crearon y la mayor biblioteca de la antigüedad se localizaron en la ciudad de Alejandría, en Egipto (ver Biblioteca de Alejandría). 4.1 La poesía Una de las más admirables poéticas alejandrinas pertenece a Calímaco de Cirene, director de una escuela en Alejandría y su principal bibliotecario. Calímaco está acreditado como autor de más de 800 volúmenes, cada uno de ellos con muchas obras de las que se conservan sólo seis himnos, 64 epigramas y unas pocas elegías, además de otros poemas. Junto con sus seguidores, perfeccionó el empleo del epilio, un poema corto en hexámetros con tema épico narrativo. Además de perfeccionar el epigrama, que más tarde adoptarían sus discípulos romanos, desarrollaron el poema didáctico literario y el pastoral. El poeta siciliano Teócrito, que escribió la mayor parte de su obra en Alejandría y que está considerado por muchos críticos como el más grande de los poetas alejandrinos, escribió Idilios, una serie de poemas pastorales que fueron imitados por sus sucesores, como Bión de Esmirna, entre cuyos poemas conservados se encuentra el famoso Lamento por Adonis, y el poeta también siciliano Mosco, que escribió el poema épico Europa y composiciones pastorales. 4.2 La prosa Posiblemente, la obra más importante del periodo helenístico fue realizada por sabios, científicos y eruditos, en particular por el médico Herófilo, el anatomista Erasístrato, los astrónomos Hiparco de Nicea, Claudio Tolomeo y Aristarco de Samos (el primero que sostuvo que la Tierra giraba alrededor del Sol) y el matemático, astrónomo y geógrafo Eratóstenes, que midió la circunferencia de la Tierra. 5 EL PERIODO GRECORROMANO, SIGLO II-SIGLO IV D.C. Después de que los romanos conquistaran Grecia en el 146 a.C., el historiador griego Polibio escribió una crónica de la conquista y, un siglo más tarde, el geógrafo Estrabón recopiló su Geografía, un estudio sistemático de lugares, animales y temas de interés. A finales del siglo I y comienzos del II d.C., Plutarco redactó sus famosas Vidas paralelas, en las que se entremezclan biografías de griegos y romanos famosos. Más adelante, en el siglo II d.C., Galeno, el médico más importante de la antigüedad, escribió obras que sentaron los fundamentos de la medicina moderna. Los primitivos escritores cristianos que transcribieron y reunieron el Nuevo Testamento utilizaron una variedad de la koiné (‘común’, en griego), la lengua cortesana y literaria de la Grecia helenística. El dialecto koiné es distinto del que emplearon los escritores griegos clásicos y sus continuadores, los llamados aticistas, el mejor de los cuales fue el satírico Luciano, autor de Diálogos de los muertos, Diálogos de los dioses y sus cómicas Historias verdaderas. Según los eruditos modernos, el prototipo de la novela se desarrolló probablemente en Grecia antes del siglo II d.C. Se cree que los fragmentos más importantes que se conservan de una primitiva novela griega, los de la llamada Romance de Ninos, y que tratan del amor de Ninos, fundador legendario de Ninevoli, son del siglo I a.C. Se conservan cinco novelas griegas completas que se escribieron después del año 100 d.C. y antes del 300 d.C.: Caritón, considerada como la primera de las cinco; Etiópicas o Teágenes y Cariclea (de principios del siglo III d.C.), del hábil escritor Heliodoro de Emesa; Dafnis y Cloe, de Longo, el más conocido y probablemente el mejor de estos novelistas; Efesíacas (o Antea y Habrócomes, sus protagonistas), de Jenofonte de Éfeso, el menos dotado; y Leucipa y Clitofonte (anterior al año 300 d.C.) de Aquiles Tacio, considerada la última de las cinco. Todas narran historias de amor y aventura en las que matrimonios o amantes virtuosos son separados y, tras afrontar múltiples peligros, acaban por reunirse. La filosofía estoica (ver Estoicismo) estuvo representada por los escritos de Epicteto y Marco Aurelio Antonino; los neoplatónicos (ver Neoplatonismo) tuvieron su mejor representante en Plotino. Algunos de los mejores versos de este periodo son los epigramas anónimos de la Antología griega, recopilación de poesía y prosa griegas que cubre casi 2.000 años; se compone de dos libros reunidos en los siglos X y XIV d.C., que se conocen, respectivamente, como la Antología Palatina y la Antología Planudean.

DIOSES Y MONSTRUOS DE LA MITOLOGÍA GRIEGA

Caos Caos, en la antigua teoría griega de la creación, el oscuro y silencioso abismo de donde procede la existencia de todas las cosas. Caos dio nacimiento a la negra Noche y al Erebo, la región oscura e insondable donde habita la muerte. Estos dos hijos de la primitiva oscuridad se unieron a su vez para producir el Amor, que originó la Luz y el Día. En este universo de informes fuerzas naturales, Caos generó la sólida masa de la Tierra, de la que surgió el Cielo estrellado y lleno de nubes. Madre Tierra y Padre Cielo, personificados respectivamente como Gaya y su marido, Urano, fueron los padres de las primeras criaturas del universo. En la mitología posterior, Caos es la materia informe de la que fue creado el cosmos u orden armonioso. Nix Personificación y diosa de la noche, surgida del caos. Engendró a Éter y a Hémera. Érebo Personificación de las tinieblas infernales, surgido del caos. Gaya Gaya o Gea, en la mitología griega, personificación de la madre tierra e hija de Caos. Fue madre y esposa del padre cielo, personificado como Urano. Ambos fueron los padres de las primeras criaturas vivas, los titanes, los cíclopes y los tres gigantes Hecatonquiros (los provistos de cien manos y cincuenta cabezas). Temiendo y aborreciendo a los monstruos, aunque eran sus hijos, Urano los encerró en un lugar secreto de la tierra, pero dejó a los cíclopes y a los titanes en libertad. Gea, irritada por tal favoritismo, persuadió a su hijo, el titán Cronos, de derrocar a su padre. Castró a Urano, y de su sangre Gea hizo nacer otra raza de monstruos, los gigantes, y las tres diosas vengadoras, las Erinias. Su último y más terrible vástago, engendrado por el Tártaro, fue Tifón, un monstruo de cien cabezas que, aunque vencido por el dios Zeus, se creía que arrojaba chorros de lava fundida del monte Etna. Urano Urano, en la mitología griega, dios y personificación de los cielos. Estaba casado con Gaya, la diosa de la tierra. Urano era el padre de los titanes, los cíclopes y de los gigantes de cien manos, a los que arrojaba después de nacer a las profundidades de la tierra. Los titanes, guiados por su soberano, Cronos, destronaron y mutilaron a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres Erinias o Furias, quienes vengan los crímenes de parricidio y perjurio. Algunos autores cuentan que sus órganos sexuales cayeron al mar y que de ellos y de la espuma del mar nació Afrodita. Éter Personificación del cielo superior y de la luz. Era hijo de Érebo y Nix. Hemera Personificación del día. Era hija de Érebo y Nix. Los hecatonquiros Hijos de Gea y Urano. Eran monstruos de cien brazos y cincuenta cabezas. Eran tres: Coto, Briareo y Giges. Los gigantes Eran seres inmortales mientras vivieran en su tierra de nacimiento, Tracia. Incluyen los tres cíclopes (Brontes, Estéropes y Arges) y a los tres hecatonquiros (Coto, Briareo y Giges). Eran hijos de Gea y Urano. Cíclope En la mitología griega, gigantes con un enorme ojo en medio de la frente. En la Teogonía de Hesíodo, los tres hijos —Arges, Brontes y Estéropes— de Urano y Gea, personificaciones del cielo y de la tierra, eran cíclopes. Fueron arrojados al mundo inferior por su hermano Cronos, uno de los titanes, después de que él destronara a Urano. Pero el hijo de Cronos, el dios Zeus, liberó a los cíclopes del submundo y ellos, agradecidos, le regalaron el rayo y el relámpago, con los que derrotó a Cronos y a los titanes y se convirtió así en señor del universo. En la Odisea de Homero, los cíclopes eran pastores que vivían en Sicilia. Eran una raza salvaje, fuera de la ley y caníbal que no temía a dioses ni a hombres Erinias Erinias, también Furias, en la mitología griega, las tres deidades vengadoras Tisífone (la vengadora del crimen), Megera (la de los celos), y Alecto (siempre encolerizada). En la mayoría de los relatos, las Erinias son las hijas de Gea y Urano; a veces reciben el nombre de hijas de la Noche. Vivían en el mundo inferior, de donde ascendían a la tierra para perseguir a los malvados. Eran justas pero despiadadas y no atendían a circunstancias atenuantes. Castigaban todos los ultrajes contra la sociedad humana tales como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, los delitos de sangre. Estas terribles diosas tenían un aspecto horrible, ya que su cabellera estaba formada por serpientes retorcidas y brotaba sangre de sus ojos. Atormentaban a los malhechores, persiguiéndolos de un lugar a otro de la tierra y volviéndolos locos. Una de las leyendas más famosas sobre las Erinias se refiere a su implacable persecución del príncipe tebano Orestes por el asesinato de su madre, la reina Clitemnestra. Orestes había recibido el encargo del dios Apolo de vengar la muerte de su padre, el rey Agamenón, a quien había matado Clitemnestra. Las Erinias, sin embargo, ajenas a sus motivos, lo persiguieron y atormentaron. Orestes apeló finalmente a la diosa Atenea, quien persuadió a las diosas vengadoras para que aceptaran la explicación de Orestes, que de esta manera quedó liberado de su falta. Cambiaron su aspecto cuando aprendieron a mostrarse misericordiosas. De Furias, de espantosa apariencia, se convirtieron en Euménides, protectoras de los suplicantes. Euménides Euménides, en la mitología griega, antiguos espíritus o diosas de la tierra, asociadas con la fertilidad pero poseedoras también de ciertas funciones morales y sociales. Aunque el significado de su nombre se define de diversas maneras, como 'las amables', 'las reverendas' y 'las graciosas', a las diosas se las solían representar como criaturas semejantes a las gorgonas, con cabellera de serpientes y ojos inyectados en sangre. Su apariencia deriva de su identificación en las leyendas posteriores con las Erinias, las tres diosas vengadoras del mundo inferior. En su obra Las Euménides, el dramaturgo ateniense Esquilo representó la implacable persecución de Orestes por las Erinias después de haber matado a su madre, Clitemnestra, para vengar la muerte de su padre, el rey Agamenón, a quien Clitemnestra había asesinado. Las Erinias acosaron a Orestes durante todo el camino a Atenas. Allí Orestes acudió a la diosa Atenea, que estaba a cargo de su juicio en el Areópago y emitió el voto decisivo en favor de su absolución. Después de este juicio, las Erinias aceptaron un nuevo papel como guardianas de la justicia y llegaron a ser conocidas como Euménides. Las melíades Hijas de Urano y Gea, eran las ninfas de los fresnos. Afrodita Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza, equivalente a la Venus romana. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione, una de sus consortes, pero en leyendas posteriores se la describe brotando de la espuma del mar y su nombre puede traducirse como 'nacida de la espuma'. En la leyenda homérica, Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis. Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada "a la más hermosa". Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya. Probablemente de origen oriental, en las primitivas creencias religiosas griegas se identificaba a Afrodita con la fenicia Astarté y era conocida como Afrodita Urania, reina de los cielos, y como Afrodita Pandemos, diosa del pueblo. Eros Eros era el dios del amor equivalente al romano Cupido. En la mitología más antigua se le representaba como una de las fuerzas primigenias de la naturaleza, el hijo de Caos, y como encarnación de la armonía y del poder creativo en el universo. Pronto, sin embargo, se le consideró como un hermoso y apasionado joven, acompañado por Poto o Hímero ('el Deseo'). La mitología posterior hizo de él el permanente acompañante de su madre, Afrodita, diosa del amor. Su mito más conocido es su amor por Psique. Psique, en la mitología romana, era una hermosa princesa. Afrodita, celosa por la belleza de Psique ordenó a su hijo que hiciera enamorar a Psique del hombre más feo del mundo. Afortunadamente para Psique, fue Cupido quien se enamoró de ella y la llevó a un palacio aislado donde la visitaba sólo por la noche, sin que ella lo viera ni lo reconociera. Aunque Eros le había rogado encarecidamente que no lo mirara a la cara, una noche Psique encendió una lámpara y lo contempló mientras dormía. Por haberlo desobedecido, Eros la abandonó, y Psique quedó desolada, vagando a través del mundo en su búsqueda. Finalmente, después de muchos intentos, se reunió con Eros, y Zeus, rey de los dioses, la hizo inmortal. En el arte griego, Eros aparece como un joven alado, ligero pero bello, a menudo con los ojos vendados como símbolo de la ceguera del amor. A veces llevaba una flor, pero más comúnmente el arco de plata y las flechas, con las que lanzaba los dardos del deseo en el pecho de dioses y hombres. En la leyenda y el arte romanos, Eros se convirtió en un niño travieso representado a menudo como arquero. Titán Titán, en la mitología griega, los doce hijos de Urano y Gea, el Cielo y la Tierra, y algunos de sus propios hijos. A menudo llamados los “dioses mayores”, fueron durante mucho tiempo los supremos gobernadores del universo y poseían una estatura descomunal y una fuerza considerable. Cronos, el más importante de los titanes, gobernó el universo hasta que su hijo Zeus lo destronó y asumió el poder. Otros titanes y titánidas importantes eran Océano, el río que corre alrededor de la tierra; Tetis, su mujer; Mnemosine, la diosa de la memoria; Temis, la diosa de la justicia divina; Hiperión, el padre del sol, la luna y la aurora; Jápeto, el padre de Prometeo, quien creó a los seres mortales; y Atlas, que cargaba el mundo sobre sus hombros. De todos los titanes, sólo Prometeo y Océano se aliaron con Zeus contra Cronos. En consecuencia, ellos recibieron honores y se condenó a los demás a morar en el Tártaro. Sin embargo, Zeus acabó reconciliándose con los titanes, y Cronos fue rey durante la edad de oro. Temis Temis, en la mitología griega, una de las titánidas, hija de Urano y Gea, el Cielo y la Tierra, y madre de las tres Parcas y de las Estaciones. Diosa de la justicia y la ley divinas, Temis era la constante compañera del dios Zeus, y se sentaba junto a él en el Olimpo. En el arte antiguo se la representa sosteniendo una balanza con un par de platillos en los cuales pesa las peticiones de las partes en conflicto. Críos Titán, hijo de Urano y Gea. Cronos Cronos, en la mitología griega, personificación del tiempo y gobernador del universo durante la edad de oro. Era uno de los doce titanes y el hijo menor de Urano y de Gea, las personificaciones del cielo y de la tierra. Sus primeros hijos fueron los tres Hecatonquiros, los monstruos de cien manos y cincuenta cabezas a quienes Urano había apresado en un lugar secreto. Gea trató de rescatarlos y pidió ayuda a sus otros hijos, incluidos los cíclopes. Sólo Cronos aceptó el desafío. Atacó a Urano y lo hirió gravemente; Cronos se convirtió así en el regidor del universo. Cronos y su hermana Rea llegaron a ser padres de seis de los doce dioses y diosas conocidos como los Olímpicos. A Cronos se le había profetizado que sería derrocado por uno de sus hijos, y se comió a los cinco primeros al poco tiempo de nacer. Rea, sin embargo, ocultó a su sexto hijo, Zeus, y ofreció a su hermano y esposo una piedra envuelta en pañales. Zeus se crió en Creta y cuando creció, forzó a Cronos, con la ayuda de Gea, a vomitar junto con la piedra a los otros cinco niños. Ésta después fue trasladada a Delfos. Zeus y sus cinco hermanos y hermanas libraron la guerra contra Cronos y los demás titanes ayudado por los Hecatonquiros y los cíclopes, a quienes liberó de la prisión donde los había encerrado su padre. Cronos y los titanes fueron confinados en el Tártaro, un abismo en la parte más profunda del submundo. El equivalente romano de Cronos es Saturno, el dios de la siembra y de las semillas. Rea Rea, en la mitología griega, madre de los dioses. Era una titánida, hija de Urano y de Gea, y hermana y mujer del titán Cronos. Durante mucho tiempo, Cronos y Rea gobernaron el universo. Como se le advirtiera a Cronos que uno de sus hijos estaba destinado a quitarle el trono, intentó eludirlo devorando a sus vástagos en cuanto nacían. Al nacer su sexto hijo, el dios Zeus, Rea ocultó al pequeño en la isla de Creta y se burló de su marido entregándole una piedra envuelta en pañales, que él devoró pensando que era un niño. Después, cuando Zeus hubo llegado a la edad adulta, forzó a su padre a vomitar la piedra, junto con los otros cinco niños que Rea había engendrado: Poseidón, dios del mar; Hades, dios de los muertos; Deméter, diosa de la tierra; Hestia, diosa del hogar, y Hera, diosa del matrimonio, quien llegó a ser la mujer de Zeus. En la mitología romana, Rea se identifica con Cibeles, la gran madre de los dioses. Océano Océano era uno de los titanes, hijo de Urano y Gea. Con su mujer, la titánida Tetis, dominaba el Océano, un gran río que circundaba la tierra, a la que se consideraba un círculo plano. Las ninfas de este gran río, las oceánides, eran sus hijas, y los dioses de todos los ríos de la tierra eran sus hijos. En leyendas posteriores, cuando Zeus, jefe de los dioses olímpicos, y sus hermanos, Poseidón y Hades, derrocaron a los titanes y asumieron su poder, Poseidón y su mujer, Anfitrite, sucedieron a Océano y a Tetis como soberanos de las aguas. Atlas Atlas, en la mitología griega, hijo del titán Jápeto y de la ninfa Clímene, y hermano de Prometeo. Atlas luchó con los titanes en la guerra contra las deidades olímpicas. Como castigo, fue condenado a cargar para siempre en sus espaldas la tierra y el firmamento y en sus hombros la gran columna que los separaba. Atlas era el padre de las Hespérides, las ninfas que guardaban el árbol de las manzanas de oro, y Hércules le solicitó ayuda para realizar uno de sus trabajos. Hércules se ofreció a asumir la carga de Atlas si éste le conseguía las manzanas de oro. Atlas aceptó de buen grado, pensando librarse para siempre de su peso abrumador. Una vez que Atlas volvió con las manzanas, Hércules le pidió que lo descargara por un momento del peso en la espalda para acomodarse una almohada en los hombros. Atlas volvió a sostener la carga y Hércules escapó con las manzanas. Como la figura de Atlas soportando el peso de la tierra solía usarse en las portadas de las primeras colecciones de mapas, su nombre acabó siendo aplicado a un volumen de mapas. Atlantes, la forma plural de Atlas, es el término clásico en arquitectura para la figura esculpida de un hombre que, usado como columna, sostiene una estructura superior. Ceo Uno de los titanes, hijo de Urano y Gea, que con Febe, engendró a la titánide Leto. Febe Cuyo nombre significa “la brillante”, era una titánide, hija de Urano y Gea, y madre de Leto. Tía Titánide hija de Urano y Gea y junto con su hermano Hiparión, madre de Helios, Selene y Eos. Japeto Titán hijo de Urano y Gea, padre de Atlas o Atlante, Prometeo y Epimeteo. De él desciende la raza humana. Hiperión Hiperión, en la mitología griega, uno de los titanes. Era padre de Helios, dios del sol, de Selene, diosa de la luna, y de Eos, diosa de la aurora. Tetis (titán) Tetis, en la mitología griega, una titánida hija de Urano, dios del cielo, y de Gea, diosa de la tierra. Tetis era la mujer de su hermano Océano y, por su unión, madre de las 3.000 Oceánides o ninfas del océano, y de todos los dioses de los ríos. Tetis (nereida) Tetis, en la mitología griega, hija de las divinidades marinas Nereo y Doris, y la más famosa de las nereidas. La pretendieron Zeus, el dios supremo, y también Poseidón, dios del mar, quienes le comunicaron la profecía de que daría a luz un hijo que sería más poderoso que su padre. Fue entregada a Peleo, gobernador de los mirmidones, quien era considerado el más digno entre los mortales. De esta unión, Tetis concibió al héroe Aquiles. Mnemosine Mnemosine, en la mitología griega, personificación y diosa de la memoria. Ella y Zeus, padre de los dioses, eran los padres de las nueve musas. Mnemosine fue una de las titánidas, hermanas de los titanes preolímpicos, hijas e hijos del dios de los cielos, Urano, y de la diosa de la tierra, Gea. Musas Musas, en la mitología griega, nueve diosas e hijas del dios Zeus y Mnemosine, la diosa de la memoria. Las musas presidían las Artes y las Ciencias y se creía que inspiraban a los artistas, especialmente a poetas, filósofos y músicos. Calíope era la musa de la Poesía épica, Clío la de la Historia, Euterpe de la Poesía lírica, Melpómene de la Tragedia, Terpsícore de la Música y la Danza, Erato de la Poesía amorosa, Polimnia de la Poesía sagrada, Urania de la Astronomía y Talía de la Comedia. Se decía que eran las compañeras de Las Gracias y de Apolo, el dios de la música. Ellas se sentaban junto al trono de Zeus, rey de los dioses, y cantaban su grandeza, el origen del mundo y sus habitantes, así como las gloriosas hazañas de los héroes. Las Gracias Las Gracias, en la mitología griega, las tres diosas de la alegría, el encanto y la belleza. Hijas del dios Zeus y la ninfa Eurínome, sus nombres son Áglae, Eufrósine y Talía. Las Gracias presiden los banquetes, las danzas y todos los demás acontecimientos sociales placenteros, y proporcionan alegría y buena voluntad tanto a dioses como a mortales. Eran especial compañía de las divinidades del amor, Afrodita y Eros, y junto con sus compañeras, las musas, cantaban a los dioses en el monte Olimpo y danzaban al ritmo de la hermosa música que Apolo interpretaba en su lira. En algunas leyendas, Áglae estaba casada con Hefesto, el artesano de los dioses, y su boda explica la tradicional asociación de las Gracias con las artes. Al parecer, y al igual que las musas, otorgaban a artistas y poetas la habilidad para crear bellas obras de arte. Raramente se trataba a las Gracias de forma individual; sí, en cambio, como una especie de triple encarnación de la gracia y la belleza. El arte suele representarlas como ágiles doncellas que danzan en círculo. Leto Leto, en la mitología griega, hija de la titánide Febe y del titán Ceo, y madre de Ártemis y Apolo, diosa del Sol. Fue una de las muchas amantes del dios Zeus quien, por temor de los celos de Hera, su mujer, desterró a Leto cuando estaba a punto de dar a luz. Ante la posible venganza de Hera, todos los países e islas se negaron a dar a la desesperada Leto un hogar donde sus hijos pudieran nacer. Después de una larga travesía, ella llegó a una ínsula que flotaba en el mar Egeo. La isla, que se llamaba Delos, era un lugar árido y rocoso pero, cuando Leto llegó allí y pidió refugio, recibió hospitalidad. En ese momento, surgieron cuatro grandes columnas del fondo del mar para sostener la isla, que quedó firmemente anclada para siempre. Helios Helios, antiguo dios del Sol de la mitología griega, personificación de la luz, hijo de los titanes Hiperión y Tía, hermano de Selene, diosa de la luna, y de Eos, diosa de la aurora. Cada día, Helios conducía su carro de oro a través del cielo proporcionando luz a dioses y mortales. Al anochecer se sumergía en el océano occidental, desde donde era conducido en una copa de oro de regreso a su palacio de Oriente. Sólo Helios podía controlar los feroces caballos que tiraban de su carro fogoso. Su hijo Faetón murió después de convencerle de que le dejara guiar el carro solar por el cielo. A menudo se le identifica con Apolo, dios posterior griego. Selene Selene, en la mitología griega, diosa de la luna, hija del titán Hiperión y de la titánide Tía, y hermana de Helios, dios del sol. Selene se enamoró del joven y apuesto pastor Endimión, a quien sumió en un sueño eterno para que nunca pudiera abandonarla. En el arte, Selene aparece conduciendo un carro tirado por dos caballos o, a veces, por dos bueyes. Se la identifica a menudo con la diosa olímpica de la luna, Ártemis. Eos Diosa y personificación de la aurora. Se enamoró de Titón, hijo de Laomedonte, rey de Troya, y hermano de Príamo. Eos le dio un hijo, el héroe Memnón, rey de Etiopía. Eos obtuvo de los dioses el don de la inmortalidad para Titón, pero, como olvidó pedirles la eterna juventud para su amado, Titón tuvo al final de su vida la apariencia de un anciano arrugado y decrépito mientras ella seguía siendo joven. Un relato posterior cuenta su transformación final en un saltamontes. Hestia Hestia, en la mitología griega, diosa virgen del hogar, la hija mayor de los titanes Cronos y Rea. Se consideraba que presidía todos los fuegos de las aras de sacrificio y se le ofrecían plegarias antes y después de las comidas. Aunque aparece en muy pocos mitos, la mayoría de las ciudades tenían un hogar común donde arde el fuego sagrado de esta diosa. En Roma se la conocía como Vesta, y seis sacerdotisas vírgenes, conocidas como vestales, custodiaban el fuego. Poseidón Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Poseidón era marido de Anfitrite, una de las nereidas, con quien tuvo un hijo, Tritón. Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado. Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos. El arte representa a Poseidón como una figura barbada y majestuosa que sostiene un tridente y a menudo aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por seres marinos. Cada dos años, los Juegos Ístmicos, en los que había carreras de caballos y de carros, se celebraban en su honor en Corinto. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno. Pegaso Pegaso (mitología), en la mitología griega, caballo alado, hijo de Poseidón, dios del mar, y de la gorgona Medusa. Pegaso nació del cuello de Medusa después de ser vencida y muerta por el héroe Perseo. Poco después de su nacimiento, el mágico corcel golpeó con una coz el suelo del monte Helicón y en el acto comenzó a fluir un manantial, después consagrado a las Musas y que, según se cree, es la fuente de la inspiración poética. Todos intentaron en vano capturar y amansar al caballo, y conseguirlo se convirtió en la obsesión de Belerofonte, príncipe de Corinto. Siguiendo el consejo de un adivino, Belerofonte pasó una noche en el templo de la diosa Atenea. Mientras dormía, se le apareció la diosa con una brida de oro y le dijo que ésta le permitiría capturar a Pegaso. Cuando despertó, encontró la brida de oro junto a él, y con ella pudo capturar y amansar fácilmente al caballo alado. A partir de ese momento, Pegaso se convirtió en una gran ayuda para el héroe y lo acompañó en sus aventuras contra las amazonas y la Quimera. Belerofonte, sin embargo, fue víctima de su propio orgullo. Cuando logró volar hasta la cima del monte Olimpo para reunirse con los dioses, el prudente caballo lo derribó y dejó que Belerofonte vagara sin rumbo, desconsolado, rechazado por los inmortales. Pegaso encontró refugio en los establos olímpicos y Zeus le encargó que le llevara el trueno y el rayo, los símbolos de su poder. Zeus Zeus, en la mitología griega, dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos. Zeus corresponde al dios romano Júpiter. Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector y soberano tanto de la familia olímpica como de la raza humana. Señor del cielo, dios de la lluvia y acumulador de nubes blandía el terrible rayo. Su arma principal era la égida, su ave, el águila, su árbol, el roble. Zeus presidía a los dioses en el monte Olimpo, en Tesalia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus. Zeus era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera. De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían. Al nacer Zeus, Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, donde se alimentó con la leche de la cabra Amaltea y lo criaron unas ninfas. Cuando Zeus llegó a la madurez, obligó a Cronos a vomitar a los otros hijos, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra. En la obra del poeta griego Homero, Zeus aparece representado de dos maneras muy diferentes: como dios de la justicia y la clemencia y como responsable del castigo a la maldad. Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganimedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera. En la mitología antigua son numerosas sus relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. También sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus víctimas, como su transformación en toro para raptar a Europa. En leyendas posteriores, en las que se introducen otros valores morales, se pretende mostrar al padre de los dioses a salvo de esta imagen libertina y lasciva. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino. En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia. Deméter Deméter, en la mitología griega, diosa de la tierra cultivada, los granos y de las cosechas, hija de los titanes Cronos y Rea. Cuando su hija Perséfone fue raptada por Hades, dios del mundo subterráneo, el dolor de Deméter fue tan grande que descuidó la tierra; no crecieron plantas y el hambre devastó el universo. Consternado ante esta situación, Zeus, el regidor del mundo, pidió a su hermano Hades que devolviese Perséfone a su madre. Hades asintió, pero antes de liberar a la muchacha hizo que ésta comiese algunas semillas de granada que la obligarían a volver con él durante cuatro meses al año. Feliz de reunirse de nuevo con su hija, Deméter hizo que la tierra produjese flores primaverales y abundantes frutos y cereales para las cosechas. Sin embargo, su dolor retornaba cada otoño cuando Perséfone tenía que volver al mundo subterráneo. La desolación del invierno y la muerte de la vegetación eran consideradas como la manifestación anual del dolor de Deméter cuando le arrebataban a su hija. Deméter y Perséfone eran veneradas en los ritos de los misterios de Eleusis. El culto se extendió de Sicilia a Roma, donde se veneraba a estas diosas como Ceres y Proserpina. Perséfone Perséfone, en la mitología griega, hija de Zeus, padre de los dioses, y de Deméter, diosa de la tierra y de la agricultura. Hades, dios del mundo inferior, se enamoró de Perséfone y quiso casarse con ella. Aunque Zeus dio su consentimiento, Deméter era contraria a la boda. Entonces, Hades atrapó a la muchacha mientras estaba recogiendo flores y la llevó a su reino. Cuando salió en busca de su hija perdida, Deméter quedó desolada. Murieron todas las plantas y el hambre devastó la tierra. Por este motivo, Zeus envió a Hermes, mensajero de los dioses, para que recuperara a Perséfone y la devolviera a su madre. Antes de dejarla ir, Hades le pidió que comiera un grano de granada, el alimento de los muertos. De esta manera, se vio obligada a volver al submundo y permanecer allí durante la tercera parte de cada año. Como diosa de los muertos y como diosa de la fertilidad de la tierra y la agricultura, Perséfone era la personificación de la renovación de la tierra en primavera. Los misterios eleusinos se celebraban en su honor y en el de su madre. Proserpina era la equivalente latina de Perséfone. Pleyone Una de las oceánides, hija de Océano y Tetis, y madre de las Pléyades y las Híades. Metis Una de las oceánides, hija de Océano y Tetis. Pléyades Pléyades, en la mitología griega, las siete hijas de Atlas y de Pléyone, la hija de Océano. Sus nombres eran Electra, Maya, Taigete, Alcíone, Celeno, Astérope y Mérope. Según algunas versiones del mito, se suicidaron por la pena que les produjo el destino de su padre, Atlas, o por la muerte de sus hermanas, las híades. Otras versiones las hacen servidoras de Ártemis, diosa de la fauna y de la caza. Las perseguía el gigante cazador Orión, pero los dioses consiguieron rescatarlas y las transformaron en palomas. Después de su muerte o metamorfosis fueron transformadas en estrellas, pero aún las sigue persiguiendo por el cielo la constelación Orión. Las híades Eran las siete hijas de Urano y Gea, metamorfoseadas en estrellas. Se llamaban: Ambrsía, Eudora, Ésile, Corónide, Dione, Polixo y Feo. Hades Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra. El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados. Cerbero Cerbero, en la mitología griega, perro de tres cabezas, con cola de dragón, que guardaba la entrada al Hades, el mundo subterráneo. El monstruo permitía que todos los espíritus entraran en el Hades, pero no dejaba que nadie saliera. Sólo unos pocos héroes escaparon en alguna ocasión del control de Cerbero; el poeta y músico Orfeo que encantó al animal con su lira, y el héroe griego Hércules que lo capturó con sus propias manos y lo llevó por poco tiempo del mundo subterráneo a las regiones superiores. En la mitología romana la hermosa doncella Psique y el príncipe troyano Eneas consiguieron aplacar a Cerbero con un pastel de miel y continuar, por tanto, su travesía por el transmundo. Cerbero es representado a veces con cincuenta cabezas y una melena de serpientes. Caronte Caronte, en la mitología griega, hijo de la Noche y de Erebo, que personificaba la oscuridad bajo la tierra a través de la cual las almas de los muertos iban hacia la morada del Hades, el dios de la muerte. Caronte era el viejo barquero que transportaba las almas de los muertos por la laguna Estigia hasta las puertas del mundo subterráneo. Admitía en su barca sólo a las almas de aquellos que habían recibido los ritos sepulcrales y cuyo paso había sido pagado con un óbolo colocado bajo la lengua del cadáver. Aquellos que no habían sido sepultados y a quienes Caronte no admitía en su barca eran condenados a esperar junto a la laguna Estigia durante 100 años. Laguna Estigia Laguna Estigia, en la mitología griega, zona pantanosa del río Éstige en la que se encontraban los espíritus errantes de los muertos que no habían sido sepultados. Según la Teogonía de Hesíodo, se personificaba a Estigia como una hija del titán Océano y, además, como guardiana de los juramentos sagrados que vinculaban a los dioses. Tártaro Tártaro, en la mitología griega, la región más baja de los infiernos. Según Hesíodo y Virgilio, Tártaro está tan debajo del Hades como la tierra lo está con respecto al cielo, y está cerrado por puertas de hierro. En algunos relatos Zeus, el dios supremo, después de conducir a los dioses a la victoria sobre los titanes, desterró a su padre, Cronos, y a los demás titanes al Tártaro. El nombre Tártaro llegó a usarse a veces como sinónimo de Hades, o de los Infiernos en general, pero con más frecuencia como el submundo donde se castigaba a los malvados después de la muerte. Pecadores legendarios tales como Ixión, rey de los lapitas, Sísifo, rey de Corinto, y Tántalo, un hijo mortal de Zeus, fueron condenados a morar en el Tártaro. Hera Hera, en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas. Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno. Hefesto Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano o Mulciber. Hebe Hebe, en la mitología griega, diosa de la juventud, hija de Zeus y Hera. Durante mucho tiempo, Hebe cumplía la función de copera de los dioses, a quienes les servía néctar y ambrosía. El príncipe troyano Ganimedes la sustituyó en esta tarea. De acuerdo con una versión, dejó de ser copera de los dioses cuando se casó con el héroe Hércules, que acababa de ser deificado. Según otra historia, fue apartada de su lugar a causa de una caída que sufrió mientras servía a los dioses. Ilitía Diosa del nacimiento, hija de Zeus y Hera. No se conocen mitos sobre ella. Ares Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Los romanos lo identificaban como Marte, también un dios de la guerra. Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos. Entre las deidades asociadas con Ares estaban su consorte, Afrodita, diosa del amor, y deidades menores como Deimo (temor) y Fobo (terror), que lo acompañaban en batalla. Aunque feroz y belicoso, Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales. El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Ares era una deidad ancestral de Tebas y tenía un templo en Atenas, al pie del Areópago o colina de Ares. Sémele Sémele, en la mitología griega, hija de Cadmo y Harmonía, rey y reina de Tebas, y madre del dios Dioniso. Hera, la celosa mujer de Zeus, cuando se dio cuenta de que su marido estaba locamente enamorado de la princesa tebana, engañó a Sémele diciéndole que le pidiera a Zeus que se mostrara en su divina majestad. Obligado por la promesa hecha a Sémele de concederle sus deseos, Zeus se apareció ante la desdichada mujer en la plenitud de su gloria divina. Cuando ella se acercó a él, acabó carbonizada por los rayos de luz que el dios irradiaba. Zeus pudo rescatar a su hijo nonato, Dioniso, de las cenizas; no obstante, tuvo que ocultar al feto en su muslo hasta que pudiera nacer. Después, el joven dios rescató a Sémele de los Infiernos y la llevó al Olimpo. Dioniso Dioniso, en la mitología griega, dios del vino, de la vid, la vegetación y del delirio místico, el cual enseñó a los mortales cómo cultivar la vid y cómo hacer vino. Era bueno y amable con quienes lo honraban, pero llevaba a la locura y a la destrucción a quienes lo despreciaban a él o a los rituales orgiásticos de su culto. De acuerdo con la tradición, Dioniso moría cada invierno y renacía en la primavera. Para sus adeptos, este renacimiento cíclico, acompañado de la renovación estacional de los frutos de la tierra, encarnaba la promesa de la resurrección de los muertos. Los ritos anuales en honor de la resurrección de Dioniso evolucionaron gradualmente hacia la forma estructurada del drama griego, y se celebraron importantes festivales en honor del dios, durante los cuales se realizaban grandes competiciones dramáticas. El festival más importante, las Grandes Dionisíacas, tenía lugar en Atenas durante cinco días de cada primavera. Para esta celebración los grandes dramaturgos griegos Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieron sus magníficas tragedias. Después del siglo V a.C., Dioniso fue conocido para los griegos como Baco. Se identifica con el dios romano Líber. Apolo Apolo, en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso, y Febo, que significa el luminoso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra. Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz, de la música y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina. Se le identificaba con el dios del sol, Helios. Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Otro mito famoso es que Eros le lanzó una de sus flechas y se enamoró de Dafne, que lo detestaba. La persiguió hasta que ésta se convirtió en laurel, y este árbol se convirtió en uno de sus símbolos.Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad. Ártemis Ártemis, en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate. Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan hacia Troya durante dicha guerra mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto. Hécate Hécate, en la mitología griega, diosa de la oscuridad e hija de los titanes Perses y Asteria. A diferencia de Ártemis, que representaba la luz lunar y el esplendor de la noche, Hécate representaba su oscuridad y sus terrores. Se creía que, en las noches sin luna, ella vagaba por la tierra con una jauría de perros fantasmales y aulladores. Era la diosa de la hechicería y lo arcano, y la veneraban especialmente magos y brujas, quienes le ofrecían en sacrificio corderos y perros negros. Como diosa de las encrucijadas, se creía que Hécate y su jauría de perros aparecían en esos espacios apartados, que eran para los viajeros lugares demoníacos y espectrales. El arte representa a Hécate a menudo con tres cuerpos o tres cabezas y con serpientes entrelazadas alrededor de su cuello. Asclepio Asclepio o Esculapio era el dios de la medicina. Era hijo del dios Apolo y de Corónide, una hermosa muchacha de Tesalia. Disgustado porque Corónide le era infiel, Apolo la mató y entregó a su pequeño hijo al centauro Quirón para que lo criara. Asclepio aprendió todo lo que Quirón sabía sobre el arte de la medicina y pronto se convirtió en un gran físico. Como cometió el imperdonable pecado de dar vida a los muertos, el dios Zeus lo castigó con un rayo. Durante cientos de años después de su muerte, los enfermos visitaron los numerosos templos construidos en su honor. Allí ofrecían sacrificios y elevaban plegarias a Asclepio quien, según creían, se les aparecía en sueños y les prescribía remedios para su enfermedad. Hermes Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, del descanso, del robo, de la suerte, de los atletas, de la riqueza, y protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón. El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado. Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada. En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe. Pan Pan, en la mitología griega, dios de los bosques, los campos y la fertilidad, hijo de Hermes, mensajero de los dioses, y de una ninfa. En parte animal, con los cuernos, las patas y las orejas de un macho cabrío, era una divinidad robusta, dios de los pastores y de los cabreros. Músico magnífico, con su flauta de carriza o caramillo acompañaba a las ninfas del bosque mientras danzaban. Inventó esta flauta cuando iba persiguiendo a la ninfa Siringa y la transformó en un lecho de cañas para que no pudiera escapar de él; Pan, entonces, tomó cañas de longitud desigual y tocó con ellas. El dios galanteaba siempre a las ninfas tocando el instrumento, pero todas lo rechazaban por su fealdad. Sus lugares preferidos eran las montañas, las cuevas y parajes agrestes, pero su favorito era la Arcadia, donde había nacido. Se supone que la palabra pánico deriva del temor que sentían los viajeros cuando oían el sonido de su flauta en la soledad de la noche. Atenea Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. En la mitología latina, llegó a identificarse con la diosa Minerva, también conocida como Palas Atenea. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus y fue su hija favorita. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su 'égida' y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos ('la virgen'). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas. Atenea, originariamente la diosa de las ciudades griegas, de la industria y de las artes, y, en la mitología posterior, de la sabiduría; era también diosa de la guerra. Atenea fue la defensora más firme, entre los dioses, del bando griego en la guerra de Troya. Después de la caída de Troya, sin embargo, los griegos faltaron el respeto debido al carácter sagrado de un altar dedicado a Atenea en el que la profetisa troyana Casandra encontró refugio, y como castigo, unas tormentas enviadas por el dios del mar, Poseidón, requeridas por Atenea destruyeron la mayor parte de los barcos griegos que volvían de Troya. Atenea era también patrona del arte de la agricultura y de las labores femeninas, especialmente del hilado y el tejido. Entre sus dones al hombre estaban la invención del arado y la flauta y las artes de domesticación de animales, de construcción de barcos y de fabricación de zapatos. Se la asociaba a menudo con las aves, especialmente con la lechuza. Prometeo Prometeo, en la mitología griega, uno de los titanes, conocido como amigo y benefactor de la humanidad, hijo del titán Jápeto y la ninfa del mar Clímene o la titánide Temis. Prometeo y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a todos los animales de la tierra de los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo (cuyo nombre significa ‘ocurrencia tardía’), procedió en consecuencia a conceder a los diferentes animales atributos como el valor, la fuerza, la rapidez, además de plumas, piel y otros elementos protectores. Cuando llegó el momento de crear un ser que fuera superior a todas las demás criaturas vivas, Epimeteo se dio cuenta de que había sido tan imprudente al distribuir los recursos que no le quedaba nada que conceder. Se vio forzado a pedir ayuda a su hermano, y Prometeo (cuyo nombre significa ‘prudencia’) se hizo cargo de la tarea de la creación. Para hacer a los seres humanos superiores a los animales, les otorgó una forma más noble y les dio la facultad de caminar erguidos. Entonces se dirigió a los cielos y encendió una antorcha con fuego del sol. El don del fuego que Prometeo concedió a la humanidad era más valioso que cualquiera de los dones que habían recibido los animales. Estas acciones de Prometeo provocaron la ira del dios Zeus. No sólo había robado el fuego para los seres humanos, sino que también engañó a los dioses haciendo que ellos recibieran las peores partes de cualquier animal sacrificado y los seres humanos la mejor. En una pila, Prometeo colocó las partes comestibles de un buey, la carne y las entrañas, y las recubrió con el vientre del animal. En otra puso los huesos y los cubrió con grasa. Al pedirle a Zeus que eligiese entre las dos, el dios optó por la grasa y se sintió muy disgustado al descubrir que ésta cubría una pila de huesos. A partir de ese momento, sólo la grasa y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; la buena comida quedaba para los mortales. Por las transgresiones de Prometeo, Zeus lo hizo encadenar a una roca en el Cáucaso, donde un águila le roía las entrñas todos los días. Finalmente lo liberó el héroe Hércules, que mató al ave rapaz. Pandora Pandora, en la mitología griega, primera mujer sobre la tierra, creada por el dios Hefesto por requerimiento del dios Zeus. Zeus deseaba contrarrestar la bendición del fuego, que el titán Prometeo había robado a los dioses para entregárselo a los seres humanos. Dotada por los dioses de todos los atributos de la belleza y la bondad, Pandora fue enviada a Epimeteo, quien se sintió feliz de tenerla como esposa, aunque su hermano Prometeo le había advertido que no aceptase nada que viniese de Zeus. Al ofrecer sus presentes a Pandora, los dioses le habían dado una caja, advirtiéndole que nunca la abriera. Su curiosidad, sin embargo, la hizo abrir la misteriosa caja, de la que brotaron innumerables males para el cuerpo y tormentos para la mente. Aterrorizada, intentó cerrarla, pero sólo quedaba Esperanza, lo único bueno entre los muchos males que contenía la caja, para confortar a la humanidad en sus infortunios. En otra leyenda, la caja contenía bienes que se habrían conservado si Pandora no les hubiera permitido escapar. Deucalión Deucalión, en la mitología griega, hijo del titán Prometeo. Deucalión era rey de Pitia en Tesalia cuando el dios Zeus, a causa de las depravadas costumbres de la raza humana, la castigó con un diluvio. Durante nueve días y nueve noches Zeus envió raudales de lluvia. Sólo Deucalión y su mujer, Pirra, sobrevivieron a la inundación. Fueron salvados porque habían sido los únicos en llevar una vida recta y en mantenerse fieles a las leyes de los dioses. Cuando su padre le advirtió de la inminente catástrofe, Deucalión construyó una barca con la que él y Pirra llegaron sanos y salvos a la cumbre del monte Parnaso. El oráculo de Delfos les ordenó arrojar los huesos de sus madres por encima de los hombros. Al darse cuenta de que los huesos significaban las piedras de la tierra, ellos obedecieron, y de las piedras surgió una nueva raza humana. Heleno Heleno, antepasado de los helenos o griegos. Era hijo de Pirra y Deucalión, quienes a causa de su piedad se salvaron de un devastador diluvio que destruyó toda la creación. Se creía que Heleno era padre de las principales naciones de Grecia. De sus hijos Eolo y Doro surgieron los eolios y los dorios, y de su hijo Juto los aqueos y los jonios. Ninfas Ninfas, en la mitología griega y romana, divinidades menores o espíritus de la naturaleza, que viven en arboledas y fuentes, bosques, praderas, ríos y en el mar, y se las representa como jóvenes y hermosas doncellas que gustan de la música y de la danza. Las ninfas se distinguían según la parte de la naturaleza que personificaban; ninfas eran las oceánides, o hijas de Océano, el gran mar que fluye alrededor de la tierra; las nereidas, o hijas del dios del mar Nereo, eran ninfas del mar Mediterráneo; las potameides, ninfas de los ríos; las náyades, ninfas de las fuentes y de las corrientes de agua fresca; las oréades, ninfas de las montañas y las grutas; y las dríades, ninfas de los bosques. Nereidas Nereidas, en la mitología griega, ninfas del mar Mediterráneo. Eran las cincuenta hermosas hijas de Nereo, el viejo hombre del mar, y de su mujer, Doris. Vivían en el fondo del mar, pero solían subir a la superficie para ayudar a los marinos y otros viajeros. Se creía que montaban en delfines y otros animales del mar. Las nereidas más famosas eran Tetis, madre del héroe griego Aquiles, Anfitrite, la mujer de Poseidón, dios del mar, y Galatea, de quien se enamoró el cíclope Polifemo. Oreas Oreas, en la mitología griega, ninfas de las grutas y las montañas. Una de las oréades más famosas fue Eco que, privada por la diosa Hera de la facultad de hablar, sólo podía repetir las últimas palabras de lo que se le decía. Eco Eco, en la mitología griega, ninfa de la montaña. El dios supremo, Zeus, la persuadió de entretener a su mujer, Hera, con una charla incesante, para que ésta no pudiese espiarlo. Irritada, Hera le quitó a Eco el poder de hablar, dejándole sólo la facultad de repetir la sílaba final de cada palabra que oyera. Un amor no correspondido por el bello Narciso, que amaba a su propia imagen reflejada, hizo que Eco languideciera hasta que sólo quedó de ella su voz. Dríade Dríade, en la mitología griega, ninfa de los árboles y los bosques. Según las leyendas antiguas, las dríades nacían en el seno de un árbol determinado al que debían cuidar. Podían vivir en el mismo árbol (llamándose hamadríades) o en sus proximidades. Los dioses, muchas veces, castigaban a quienes destruían los árboles, ya que provocaban la muerte de las dríades. La palabra dríade también se emplea para referirse a las ninfas que viven en los bosques. Sirenas Sirenas (mitología), en la mitología griega, ninfas del mar, con cuerpo de ave y cabeza de mujer, hijas del dios marino Forcis. Las sirenas tenían una voz de tal dulzura que los marinos que oían sus canciones eran atraídos hacia las rocas sobre las que las ninfas cantaban. El héroe griego Odiseo fue capaz de seguir adelante al pasar frente a su isla porque, siguiendo el consejo de la hechicera Circe, tapó los oídos de sus compañeros con cera y él mismo se hizo atar al mástil de la nave para oír las canciones sin peligro. En otra leyenda, los Argonautas escaparon de las sirenas porque Orfeo, que estaba a bordo de la nave Argo, cantó tan dulcemente que consiguió anular el efecto de la canción de las ninfas. Según leyendas posteriores, las sirenas, avergonzadas por la huida de Odiseo o por la victoria de Orfeo, se arrojaron al mar y perecieron. Parcas Parcas, en la mitología griega, las tres diosas que determinaban la vida humana y el destino. Conocidas como Moiras en griego y como Parcae en latín, las Parcas asignaban a cada persona al nacer una parte del bien y del mal, aunque la gente podía acrecentar el mal por su propio desatino. Retratadas en el arte y la poesía como ancianas severas o como melancólicas doncellas, se las representaba siempre como tejedoras. Cloto (la Hilandera hila el hilo de la vida), Láquesis (la Distribuidora de Suertes), decidía su duración y asignaba a cada persona su destino y Átropo (la Inexorable), llevaba las temibles tijeras que cortaban el hilo de la vida en el momento apropiado. Las decisiones de las Parcas no podían ser alteradas, ni siquiera por los dioses. Sátiros Sátiros, en la mitología griega, divinidades de los bosques y montañas, con cuernos y colas y a veces con piernas de macho cabrío. Los sátiros eran los compañeros de Dioniso, dios del vino, y pasaban su tiempo persiguiendo a las ninfas, bebiendo vino, danzando y tocando la siringa, la flauta o la gaita. Áglae Áglae, en la mitología grecorromana, una de las tres Gracias (o Cárites). Junto con sus hermanas Eufrósine ('placer y alegría') y Talía ('la que lleva flores'), Áglae ('resplandor') pertenecía a una tríada de deidades femeninas que eran veneradas como espíritus de la vegetación en la antigua Grecia y fueron adoptadas después en la mitología romana. Eran hijas de Zeus y de la ninfa del mar Eurínome, hija del Océano, y vivían en el monte Olimpo con los demás inmortales. Su tarea era servir a Afrodita, diosa del amor sexual. Las Gracias están relacionadas con otras hijas de Zeus, las nueve Musas (deidades de las artes y de la inspiración) y con las tres Estaciones (u Horas, Horae). Pueden también ser relacionadas con el motivo de la “triple diosa” que se repite en muchas tradiciones mitológicas diferentes. Según dicen, la más joven de las Gracias, Áglae, era la más hermosa. Centauros Centauros, en la mitología griega, raza de monstruos que, según se creía, habitaban las regiones montañosas de Tesalia y Arcadia. Se los representaba habitualmente con forma humana de la cabeza a la cintura, y con el bajo vientre y las piernas de caballo. Los centauros se caracterizaban por su ferocidad y violencia; su representación en los frisos y metopas del Partenón de Atenas evocan esa imagen de feroces combatientes. Se los conocía también por su estado de embriaguez y por su lascivia, y aparecían retratados a menudo como seguidores de Dioniso, el dios del vino. Se los expulsó de Tesalia cuando, en un estado frenético de embriaguez, intentaron raptar a la novia del rey de los lapitas en su propia fiesta de boda. Una excepción a estas criaturas desenfrenadas fue el centauro Quirón, quien se destacó por su bondad y sabiduría. Educó a varios héroes griegos, entre ellos Aquiles y Jasón. Arpías Arpías, en la mitología griega, monstruos alados con cabeza y pecho de mujer, y cuerpo y garras de aves de presa; en la creencia popular, eran agentes de la venganza divina. Las arpías (su nombre sugiere la idea de arrebatar, agarrar) aparecen primero como hermosas divinidades, pero después comenzaron a representarse como viejas semejantes a brujas con los pechos caídos. Se las confunde a menudo con las tres sirenas, y a través de esta asociación se las vincula con las hijas del Dios marino Forcis: las tres gorgonas y las tres grayas. Las arpías, identificadas por algunas fuentes como Aelo (borrasca), Celeno (oscura, en alusión a las nubes de tormenta) y Ocípete (que vuela rápido), eran hijas de Taumante, hijo a su vez del titán Ponto y de la madre tierra. Se decía que vivían en las islas Estrofiades, o Islas del Regreso, en el mar Jónico, o bajo tierra en la isla de Creta; en vuelo, se las asociaba con la velocidad y el poder de los vientos tormentosos. En el relato mitológico, las arpías son bien conocidas por un episodio de la historia de Jasón y los Argonautas. En viaje hacia el este de Tracia, los Argonautas encontraron a Fineo, por cuya agudeza profética lo cegaron los dioses y lo persiguieron dos arpías, quienes le impedían comer quitándole la comida o defecando sobre su mesa. Antes de informar a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, Fineo pide ser librado de las arpías. Realizan esta tarea Zetes y Calais, hijos alados de Bóreas, el viento norte, quienes las persiguen a través del mar, aunque no las matan. Sibila Sibila, en la mitología griega y también en la romana, cualquier mujer inspirada con poderes proféticos por el dios Apolo. Las sibilas vivían en grutas o cerca de corrientes de agua y formulaban sus profecías en estado de trance, habitualmente en hexámetros griegos, que se transmitían por escrito. Los primeros escritores griegos mencionan sólo a una sibila, probablemente la eritrea Herófila, quien predijo la guerra de Troya. En leyendas posteriores, el número de sibilas crece hasta diez, incluyendo la de Samos, la troyana, la del Helesponto, la frigia, la cimeria, la délfica, la de Cumas, la libia, la tiburtina y la babilónica o persa. La más importante de todas en la mitología romana era la Sibila de Cumas, Deífoba. Apolo le había prometido concederle todos sus deseos, y ella le pidió vivir tantos años cuantos granos de arena había en su mano. Por lo tanto, no le pidió la eterna juventud y se consumió tanto que debieron encerrarla en una jaula que colgaron en el templo de Apolo en Cumas aunque su deseo irresistible de morir no podía cumplirse. En una leyenda posterior, guía al príncipe troyano Eneas a través de los Infiernos para visitar a su padre Anquises. Según otra leyenda, apareció bajo la forma de una mujer anciana ante Lucio Tarquino el Soberbio, el séptimo y último rey de Roma, y le ofreció nueve libros proféticos a un alto precio. Cuando él se negó, ella destruyó tres libros y le ofreció los seis restantes al precio original; de nuevo Tarquino se negó, y ella destruyó otros tres. El rey acabó comprando los tres que quedaban al precio pedido por los nueve. Estos tres libros se guardaron en el templo del dios Júpiter en Roma y se los consultaba en situaciones de especial gravedad. Aunque el fuego destruyó los Libros Sibilinos originales en el año 83 a.C., posteriormente se formó una nueva colección pero que en el 405 d.C. también se destruyó. Iris Iris, en la mitología griega, diosa del arco iris, hija del titán Taumante y de Electra, hija del titán Océano. Como mensajera del dios Zeus y de su mujer, Hera, Iris abandonó el Olimpo sólo para transmitir los divinos mandatos a la humanidad, por lo que se la consideraba una consejera y una guía. Viajando a la velocidad del viento, podía ir de un extremo al otro de la tierra y también al fondo del mar o a las profundidades del submundo. Aunque era hermana de los monstruos alados, las arpías, Iris aparecía representada como una hermosa joven, con alas y con ropa de colores brillantes y un halo de luz sobre su cabeza, atravesando el cielo con un arco de donde proviene el término arco iris que formaba su estela. Argos Argos (mitología), en la mitología griega, un gigante de cien ojos (también llamado Panoptes) que fue designado por la diosa Hera, mujer de Zeus, para custodiar a Ío, de la que tenía celos. Zeus, que favorecía a su amante Ío, la convirtió en vaca para protegerla de Hera. Enviado por Zeus para rescatar a Ío, el dios Hermes hizo mediante el recurso de la música que Argos cerrase sus ojos para dormirse y luego lo mató cortándole la cabeza. Según una versión de esta historia, Argos se transformó a continuación en un pavo real; según otra, Hera trasplantó los ojos del gigante a la cola del pavo real. Argos era también el nombre del constructor de Argos, la nave que llevó al héroe griego Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. También conocido por el nombre de Argos fue el viejo perro de Odiseo, jefe griego durante la guerra de Troya. Cuando su amo volvió a Ítaca después de 19 años, Argos lo reconoció y murió inmediatamente. Elíseo Elíseo, también conocido como Campos Elíseos, en la mitología griega, un paraíso prehelénico, una tierra de paz y felicidad plenas. En las obras de Homero, Elíseo era una tierra en el extremo más lejano y occidental del mundo adonde eran llevados los grandes héroes, en cuerpo y alma, para hacerlos inmortales. Allí eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas. Pronto, sin embargo, Elíseo fue considerado como la residencia de los muertos bienaventurados, donde las almas de los héroes, poetas y sacerdotes vivían en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua. En la mitología romana, Elíseo era una parte del mundo subterráneo y un lugar de recompensa para los muertos virtuosos. Para algunos era sólo un paraíso temporal. En el borde de su mullido y verde prado corría Lete, río del Olvido, del cual tenían que beber todas las almas que retornaban a la vida en el mundo superior. Céfiro Céfiro, en la mitología griega, dios del viento del Oeste. Era hijo del titán Astreo y de Eos, la diosa de la aurora. Se decía que Céfiro estaba casado con Iris, la diosa del arco iris y mensajera de los dioses. Sus hermanos eran Bóreas y Noto, los dioses de los vientos del Norte y del Sur, respectivamente. Quimera Quimera, en la mitología griega, un monstruo que echaba fuego por la boca, con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Aterrorizó a Licia, una región de Asia Menor, pero finalmente el héroe griego Belerofonte logró matarlo. Hidra Hidra, en la mitología griega, monstruo de nueve cabezas que vivía en un pantano cerca de Lerna, Grecia. Una amenaza para todos los habitantes de Argos, tenía un aliento mortalmente ponzoñoso y cuando le cortaban una de sus cabezas, crecían dos en su lugar; la cabeza del centro era inmortal. Hércules, a quien se envió a matarla como el segundo de sus doce trabajos, logró eliminarla quemando las ocho cabezas mortales y enterrando la novena, inmortal, bajo una enorme roca. Minotauro Minotauro, en la mitología griega, monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Era hijo de Pasífae, reina de Creta, y de un toro blanco como la nieve que el dios Poseidón había enviado al marido de Pasífae, el rey Minos. Cuando Minos se negó a sacrificar el animal, Poseidón hizo que Pasífae se enamorara de él. Después de dar a luz al Minotauro, Minos ordenó al arquitecto e inventor Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro y lo alimentaban con jóvenes víctimas humanas que Minos exigía como tributo de Atenas. El héroe griego Teseo se mostró dispuesto a acabar con esos sacrificios inútiles y se ofreció a sí mismo como una de las víctimas. Cuando Teseo llegó a Creta, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él. Ella lo ayudó a salir dándole un ovillo de hilo que él sujetó a la puerta del laberinto y fue soltando a través de su recorrido. Cuando se encontró con el Minotauro dormido, golpeó al monstruo hasta matarlo, salvando también a los demás jóvenes y doncellas condenados al sacrificio haciendo que siguieran el recorrido del hilo hasta la entrada. Ate Ate, en la mitología griega, hija del dios Zeus y de Eris, diosa de la discordia. Ate era la diosa de las acciones irreflexivas y sus consecuencias. Zeus la arrojó del cielo por sentirse engañado cuando tomó a la ligera un juramento hecho por el dios. Se dice que fue responsable de la amarga disputa entre los héroes griegos Agamenón y Aquiles durante la guerra de Troya. Gorgonas Gorgonas, en la mitología griega, las hijas monstruosas de Forcis, dios del mar, y de Ceto, su esposa. Eran criaturas terroríficas, parecidas a dragones, cubiertas de escamas doradas y con serpientes en lugar de cabellos. Tenían alas fuertes, rostros redondos y horribles, dientes como colmillos y siempre llevaban la lengua fuera. Vivían en lo más lejano del océano occidental, temidas por las gentes, ya que volvían de piedra a todo el que las miraba. Dos de las gorgonas, Esteno y Euríale, eran inmortales, mientras que Medusa era mortal. El héroe Perseo, joven galante pero insensato, se ofreció a matarla y volver con su cabeza, lo que hizo con la ayuda de Hermes y Atenea. De la sangre de Medusa surgió Pegaso, el caballo alado engendrado por Poseidón. Morfeo Morfeo, en la mitología griega, dios de los sueños, hijo de Somnus, dios del sueño. Morfeo formaba los sueños de quienes dormían. También representaba seres humanos en los sueños. Esfinge Esfinge, en la mitología griega, monstruo con cabeza y pechos de mujer, cuerpo de león y alas de ave. Acuclillada en una roca, abordaba a todos los que iban a entrar a la ciudad de Tebas planteándoles el siguiente enigma: “¿Qué es lo que tiene cuatro pies por la mañana, dos a mediodía y tres por la noche?”. Si los interpelados no resolvían el enigma, ella los mataba. Cuando el héroe Edipo lo resolvió respondiendo: “El hombre, que gatea al poco de nacer, camina sobre dos piernas cuando es adulto y anda con la ayuda de un bastón cuando llega a la vejez”, la esfinge se suicidó. Por haberlos librado de este monstruo terrible, los tebanos convirtieron a Edipo en su rey. En el antiguo Egipto, las esfinges eran estatuas que representaban a divinidades, con el cuerpo de león y la cabeza de algún otro animal o humana, frecuentemente una réplica del rey. Nereo Nereo, en la mitología griega, dios del mar, hijo del dios marino Ponto y de Gea, la madre tierra, llamado el viejo hombre del mar. Se casó con Doris, hija del titán Océano, con quien tuvo cincuenta hijas hermosas, las ninfas del mar, llamadas nereidas. Nereo vivía en el fondo del mar. Tritón Tritón, en la mitología griega, trompetista de los abismos marinos, hijo de Poseidón, dios del mar, y de su mujer Anfitrite. Vivía con sus padres en un palacio de oro en las profundidades del mar, pero a veces iba hacia la costa de Libia, donde en una ocasión prestó ayuda a los Argonautas en su búsqueda del vellocino de oro. De forma humana hasta la cintura, pero con la cola de un pez, Tritón soplaba estrepitosamente con su gran concha marina para suscitar grandes tormentas, y soplaba con suavidad para calmar las olas. En leyendas posteriores, se llama tritones a los acompañantes de las deidades marinas y tienen una apariencia semejante. Orión Orión, en la mitología griega, hermoso gigante y poderoso cazador, hijo de Poseidón, el dios del mar, y Euríale, la gorgona. Orión se enamoró de Mérope, hija de Enopión, rey de Quíos, y la pidió en matrimonio. Enopión, sin embargo, constantemente postergó su consentimiento a la boda, y Orión intentó poseer a la muchacha por la fuerza. Encolerizado por esta conducta, su padre, con la ayuda del dios Dioniso, lo hundió en un profundo sueño y lo cegó. Orión consultó entonces un oráculo, que le dijo que recuperaría la visión si iba al Este y dejaba que los rayos del sol naciente le diera en los ojos. Recobrada la vista, vivió en Creta como el cazador de la diosa Ártemis. Probablemente la diosa lo mató, sin embargo, porque se sentía celosa de la inclinación de Orión por Aurora, diosa del alba. Después de la muerte de Orión, Ártemis lo trasladó al cielo como una constelación.